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Los derivados financieros son armas de destrucción masiva

Continuamos en este post analizando la crisis financiera actual y sus consecuencias en términos de crecimiento y empleo. Buscamos, como ya se ha dicho, las causas profundas de la situación creada en los países desarrollados en su conjunto y en España de una forma particular, después de un largo periodo de crecimiento y de creación de empleo. Resaltamos en esta entrega el mundo salvaje en que se han transformado los mercados de valores y fondos de inversión con sus productos derivados, con sus tácticas especuladoras sin freno y sus estrategias de ganancias sin relación alguna con la economía real. El “dinero creando dinero” al servicio de unos pocos y sin producir riqueza y utilidad para todos es señalado como algo pernicioso para el conjunto de la sociedad.

Como los niños jugando al futbol en el patio de un colegio todos vamos en la actualidad tras de la misma pelota. Es angustioso el tiempo que llevamos — que llevan los políticos, funcionarios y altos cargos y muchos otros con responsabilidades en nuestras sociedades – dedicados, casi exclusivamente, a los problemas financieros. Parece que no hay otro tema en la economía mundial con especial referencia a la economía de los países desarrollados. Los excesivos déficits públicos, la abultada deuda de determinadas naciones, la falta de liquidez de los bancos, los riesgos de suspensión de pagos de determinados países, la volatilidad de las bolsas, la especulación excesiva en los mercados de valores etc…, son de los únicos temas que hablamos y discutimos en los últimos tiempos. Es la era de la crematística, de la economía financiera y del “dinero haciendo dinero”.

Como decíamos los ingenieros jóvenes en la primera empresa manufacturera en la que trabajé cuando el director nos convocaba a muchas reuniones seguidas, “alguien debe estar sacando la producción”.

Y era verdad, allí existían, los mandos intermedios, los maestros de taller y la organización que habíamos creado que eran capaces de mantener las cadenas de fabricación y montaje funcionando aunque los ingenieros estuviésemos reunidos.

En economías como la de España parece no existir tal cosa. Salvo en sectores de actividad como el Turismo, llamado a contribuir a nuestra salvación como en otras ocasiones, y salvo en las grandes empresas que han tenido la ocasión de asentarse en los mercados internacionales o son concesionarias de los servicios públicos nacionales, la economía muestra una parálisis angustiosa. No sólo ha desaparecido un alto porcentaje de empresas medianas y pequeñas, comercios y autónomos, sino que el país parece estar “gripado”. Las camisas de los cilindros se han fundido, las bielas se han partido o el cigüeñal del motor de explosión, al que podemos asimilar la economía, se ha quedado en un punto muerto.

¿Qué hacer en un caso como éste?. Volviendo de nuevo a la economía como tal, es decir, abandonando el símil mecánico utilizado en el párrafo anterior, la impresión que uno obtiene es que hay diagnósticos de todo tipo pero que nadie parece estar dispuesto a adoptar las medidas necesarias. No me refiero a las medidas de austeridad, eliminación de cualquier estímulo fiscal, disminución de los déficits públicos, bajada de los sueldos, desprotección social y disminución del nivel de vida de las gentes, a lo que unos países están obligando a otros y a lo que sólo podemos responder sí o sí, sino a que nadie se está preocupando de verdad de que la economía crezca.

Generalizadamente se cree que el problema está en el sistema financiero y que hasta que no consigamos arreglarlo reequilibrando las finanzas de los países con dificultades, es decir, la mayoría en el caso concreto de Europa, no vendrá el crecimiento. Pero llevamos ya bastante tiempo con esta cantinela y las cosas no mejoran. Nadie actúa ni al parecer pretende actuar sobre el sistema financiero mismo y sus prácticas y, lo que es peor, nadie está pensando seriamente en cómo impulsar el crecimiento.

No hay quien se atreva con el sistema financiero y no sabemos muy bien por qué. Como repetidamente se dice, desde el día siguiente al comienzo de la crisis de las hipotecas sub-prime en los Estados Unidos en 2007 y desde los días posteriores a las crisis bancarias generalizadas del 2008, las prácticas que consideramos perniciosas de dicho sistema siguen campando por sus respetos. Los especuladores, los bancos de inversión y los bancos comerciales, por qué no decirlo, las Sicavs (Sociedades de Inversión de Capital Variable) en el caso español, los fondos de inversión de todo tipo y los brokers serios y los no serios, siguen haciendo lo que siempre han hecho: conseguir que el dinero produzca cuanto más dinero mejor sin pasar por actividad económica real alguna y evitando al máximo los riesgos.

Y en cuanto a los instrumentos para conseguirlo todos siguen ahí vivitos y coleando. Los CDS (Credit Default Swaps), CFD (Contracts for Differences), Hedge funds, ETF (Exchange-Trade Funds) y otros derivados siguen tan frenéticos y agresivos como siempre, a pesar de que el mismo Warren Buffet los ha llamado “armas financieras de destrucción masiva”.

Desde hace algún tiempo las autoridades americanas y europeas están tratando de limitar el mundo del “salvaje oeste” en el que se han convertido las bolsas de ambas regiones y recientemente y de forma muy tímida se han prohibido en nuestro país las ventas a corto plazo de los valores de 16 entidades financieras por sólo 15 días, pero nada verdaderamente importante se está haciendo para regular el sistema financiero mundial.

Yo deduzco que otra causa profunda de nuestros males es la no actuación sobre los mercados de valores y derivados por miedo a afectar negativamente el lugar en el que un porcentaje importante de los pobladores de los países desarrollados tienen sus fondos de pensiones y sus ahorros y muchas empresas su fuente de financiación.

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.

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