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Los Fondos de Inversión (II)

La pasión de todo el mundo por invertir en bolsa y conseguir “ganar dinero con el dinero” es lo que está detrás de la Economía Financiera actual. Los fondos de inversión, a su vez, están detrás de esa pasión y de esa economía. Es probale que sea algo similar a otras pasiones, euforias y burbujas de la historia, como el ferrocarril, el petróleo y la electricidad del siglo XIX, y el automóvil, el transporte aéreo, las telecomunicaciones y los medios de comunicación del XX. El gran problema es que la nueva economía tiene bajos coeficientes multiplcadores y requiere mucha menos mano de obra que las anteriores “economías”, y además, ninguna con baja cualificación. El elevado desempleo, por tanto, parece ser una característica de dicha economía.

(Es continuación del post anterior)

El primer Fondo de Inversión como fondo mutuo se creó en los Estados Unidos en 1924. Fue el “Massachusetts Investors Trust”, el cual consiguió tener en poco tiempo 200 socios y más de 390.000 dólares de la época en activos. Según puede verse en fuentes diversas (1), la crisis del 29 supuso un parón de este instrumento de inversión pero justo después de dicha crisis se regularon y se sometieron a una serie de leyes que los perfeccionaron, introdujeron normas que aumentaron la confianza de los inversores y les dieron importancia y popularidad.

En 1960 los fondos de inversión llegaron en los Estados Unidos a unos 270, con más de 48 mil millones de dólares en activos. Para 2007 ya había en aquel país 8.015 fondos asociados al ICI (Investment Company Institute) con más de 12.300 mil millones de dólares de activos. Y en 2008 el valor de todos los fondos de inversión mundiales superaba la asombrosa cifra de 26 billones (españoles, es decir 26 millones de millones) de dólares.

En España los fondos de inversión no llegaron hasta los años 80 del siglo pasado y teniendo en cuenta lo tradicionalistas y poco apegados a las innovaciones que somos, no tuvieron mucho éxito al principio. Hubo que esperar a la introducción de ciertos cambios en el Impuesto de la Renta de las Personas Físicas en 1991 y a la posterior creación de las Sociedades de Inversión de Capital Variable (SICAV), como sociedades anónimas de ciertas características, para que se produjera un fuerte despegue de estos instrumentos de inversión. Como se sabe, estas compañías tienen unas condiciones fiscales muy favorables al considerarse las inversiones que llevan a cabo como inversiones a largo plazo y diferirse el pago de impuestos. Anualmente sólo pagan, de hecho, el 1 % de sus ganancias (2).

Todos los fondos son gestionados por equipos profesionales como corresponde a cualquier otra empresa que es lo que en realidad son, con lo que la inversión en acciones y bonos, básicamente, para sacar altas rentabilidades, se transforma en una tarea similar a la de las empresas manufactureras, comerciales o de cualquier otro tipo.

El fondo suele ser una empresa o estar asociado a una, la cual con frecuencia no paga intereses, al distribuirse todos los beneficios entre las empresas participantes.

A pesar de las limitadas alternativas de inversión que existen en las bolsas, Fondos de Inversión hay muchísimos y de muy diverso tipo, entre otras cosas porque los mercados de valores se ha liberalizado y globalizado y todo el mundo puede invertir en todo el mundo.

Tampoco se puede estar en contra de estos instrumentos tan populares hoy entre toda clase de inversores, grandes y pequeños, no ya porque muchos de estos últimos tienen allí su ahorros y confían en ellos para tener una jubilación decente, sino porque como hemos dicho anteriormente, la actividad de la bolsa es una parte importante de la economía mundial actual. Si se ponen juntos todo lo que constituye el sector financiero de un país, con las bolsas, los bancos, las empresas de capital riesgo, financieras extrabancarias, fondos de inversión, tarjetas de crédito y todo tipo de instituciones relacionadas con actividades de financiación, no es extraño llegar a cifras que supongan casi 1/3 del PIB de un país. La cantidad de personas dedicadas a trabajar en este hipersector es muy superior al total de personas trabajando en la Industria en su totalidad en cualquier país desarrollado actual. A esto es a lo que expresamente llamamos “Economía Financiera” como comparación con la “Economía Industrial” de la que procedemos o con la “Economía de la Información” hacia la que vamos.

Como diversas innovaciones anteriores la Economía Financiera ha sido útil a la humanidad, especialmente a lo largo del siglo XX en el que se ha desarrollado con fuerza a pesar de ser sus raíces mucho más antiguas. Al principio como complemento de la Economía Industrial que ocupó una parte importante de dicho siglo y más adelante con vida propia y autonomía respecto de la economía productiva tradicional. Esto último parece que no puede tener continuidad en muchos países a la vez, sobre todo si, como ocurre en muchos de dichos países, se destruye al mismo tiempo, e irreversiblemente, la actividad económica real, la que emplea a muchas personas, la que invierte en plantas, equipos e infraestructuras, la que genera y usa tecnología, la que crea nuevos productos y nuevos servicios y la que, como consecuencia de todo ello, tiene un efecto multiplicador importante sobre el conjunto de la economía.

La Economía Financiera como la estamos viviendo en los últimos años es una economía de intangibles y la verdad es que no podemos vivir todos del intercambio de tales bienes. Pueden vivir de ello y de hecho viven, países como Suiza y otros pequeños países catalogados como paraísos fiscales, pero no una generalidad de los países del mundo. Al menos eso es lo que parece. Sería magnífico desde luego que pudiéramos vivir todos de los bancos como ocurre en Suiza o en Bermuda, por ejemplo. Como le decía uno al otro de los dos magníficos cómicos Faemino y Cansado en uno de sus programas en televisión hace años, “yo no sé por no podré tener yo un puesto de trabajo normal como todo el mundo en la Caja de Ahorros”.

A pesar de que la Economía Financiera ha surgido espontáneamente entre nosotros, como tantas otras cosas, su expansión sin límite y el abuso de ella ha introducido en el mundo un número importante de hábitos muy negativos, como la especulación, el endeudamiento elevado y continuo, el apalancamiento, la desregulación, la opacidad, la falta de ética, la codicia generalizada y varios otros.
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(1)
(2) http://www.fondosmutuos.info/historia.htm

(Continúa en el siguiente post)

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
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