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Los mecanismos del Bien Común

Damos un paso más en este post en la reflexión sobre el Bien Común que llevamos a cabo, tratando ahora de encontrar los mecanismos necesarios para conseguirlo en sociedades concretas. Da la impresión de que lo primero para ello es una economía que funcione. Se nos olvida con frecuencia que lo esencial para todos es la subsistencia y que ésta, desgraciadamente, no se nos da gratis. El sistema productivo de un país es lo primero a crear y a proteger para que exista bien común. Así como, por supuesto, el empleo, máximo mecanismo distribuidor de los ingresos, y por extensión, de la renta y de la riqueza.

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Imagen tomada de Impulso Regio. https://impulsoregio.wordpress.com/2014/01/27/conocer-tu-mercado-la-llave-del-exito-en-tu-negocio/

Algunas claves del Bien Común

Los tres posts anteriores nos han introducido de una forma directa y con breves definiciones en el tema del Bien Común. No hemos hecho  grandes consideraciones históricas sobre este concepto ni hemos entrado en cómo se abrió camino entre los hombres. Tampoco hemos dicho nada sobre el proceso de aceptación generalizada de esta idea como criterio para organizar la vida en común de los hombres y mujeres en sus sociedades.

Trataremos esos temas en futuros posts, pero de momento nos interesa, tal como hemos dicho en posts previos, comparar el caso de Noruega con el de otros países.

Para ello lo primero quizás deba ser concretar algo más en qué consiste el bien común de Noruega. Aquí por supuesto aparece ya el tema de los valores del que explica la situación. Los míos propios se notarán en lo que diga por más que intente ser objetivo al máximo.

A resaltar en primer lugar está el hecho de que Noruega ha conseguido montar, crear o establecer, un mecanismo, maquinaria u organización del que vive mucha gente de forma continuada. Sin sustos, amenazas o dificultades periódicas para mantenerlo, otras que las crisis periódicas, económicas o de otro tipo, sobre las cuales asumimos también que el país actúa con inteligencia y corrección.

Conseguir que ese mecanismo funcione, comenzando por la producción de bienes y servicios, su distribución y consumo, y se mantenga sin grandes contratiempos, es uno de los primeros elementos del bien común noruego. El que la gente tenga empleo, esté mayoritariamente de acuerdo con la situación del país, la estabilidad sea un hecho, exista democracia, alternancia en el poder, justicia, bienestar y otros aspectos relacionados con la vida en común, es fundamental para ello.

Los mecanismos de la libertad y el progreso

Todos los noruegos, diríamos, dependen de ese mecanismo. Para empezar dependen de él los pensionistas, lo cuales cuentan con ingresos suficientes que reciben hasta el final de sus días y no tienen miedo o preocupación de que desaparezcan o se reduzcan. Pero también, los profesores y educadores, los cuales confían en la existencia de un sistema educativo, mayoritariamente público en este caso, como hemos dicho, que funciona y les permite tener un puesto de trabajo. Los médicos, que dependen del sistema de salud. Los jueces, los funcionarios, los políticos, todos ellos dependientes de dicho mecanismo. Los obreros en sus empresas que esperan funcionen y existan hasta alcanzar su jubilación. Por no hablar de las empresas o empresarios, dependientes también de la existencia de un mercado, de unos consumidores y de unas instituciones reguladoras.

Si lo miramos bien todos dependemos, en todos los países, de la existencia de un mecanismo, económico, social y político que nos sustenta. Es verdad que cada participante en ese mecanismo, contribuye con su esfuerzo a mantenerlo, y es verdad también que unos se esfuerzan y contribuyen más que otros, pero hay que reconocer que sin el mecanismo en cuestión nadie podría hacer su aportación. El mecanismo, su estabilidad y su permanencia en el tiempo es lo esencial.

Esto significa que nadie puede dar por supuesta la existencia automática de dicho mecanismo ni su funcionamiento sin cuidados. Y, por supuesto, que nadie puede aprovecharse de él incorrectamente o creer que puede atacarlo y destruirlo. Los gobiernos deben saber cuidarlo, mantenerlo y conservarlo.

Importancia de la coherencia personal

Asimismo, algunos partidos políticos y algunas personas, tan frecuentemente guiados por ideologías u opiniones preconcebidas, deben prestar atención a sus actuaciones. Con frecuencia la solución de los problemas que aquejan a los ciudadanos son de carácter práctico y técnico y no dependen de ideologías o de visiones a priori de las cosas.

Por no hablar de los que basan su participación en la sociedad en el odio, en la envidia, el resentimiento o el seguimiento enfermizo de sus emociones personales.

La coherencia y congruencia de los ciudadanos es lo primero que debe existir en una sociedad desarrollada, moderna y avanzada. Para ello hace falta desde luego que no existan unos que se aprovechen más que otros del mecanismo productivo, económico, social y político puesto en marcha. Que se produzca riqueza material para el bien de todos, que el empleo sea elevado y sus condiciones aceptables, que la desigualdad no sea excesiva, que las leyes funcionen, que las instituciones sean efectivas, y muchas cosas más, como supuestamente ocurre en Noruega. Un país, éste, al que quizás estemos idealizando con el afán de compararlo con otros.

La comparación entre países

Uno con el que la comparación resulta inmediata es Venezuela, similar a él en cuanto a la disposición abundante de un recurso como el petróleo y rico también en otros recursos naturales, como los hidrográficos y minerales diversos.

¿Por qué Venezuela es hoy un país a punto de constituir un Estado Fallido?. Es impresionante que un país considerado por el Banco Mundial como poseedor de un “inmensa potencialidad para alcanzar una prosperidad económica y social sostenible”, se encuentre en la situación en que está. Tan lejos en todos los sentidos de  la sociedad noruega.

También resultaría fácil encontrar diferencias con los países árabes en una mayoría de los cuales las primaveras de hace unos años se han transformados en oscuros inviernos. O con Turquía, Rusia y otros grandes países, marcados hoy por sus dictaduras y su falta de respeto a los derechos humanos.

Por no hablar de países pobres y subdesarrollados que no acaban de construir sus mecanismos de democracia, libertad y progreso.

También se podría comparar con un país con un buen nivel de Bien Común, como Japón, que sin embargo lo ha construido con escasos recursos naturales en los que apoyarse.

El caso de España

Pero en este blog nos interesa más compararlo con España, un país, cercano en muchos aspectos al que estamos utilizando como patrón de “sociedad del bien común”, pero sobre el que se abaten hoy preocupantes nubarrones.

¿Por qué en nuestro país existen hoy fenómenos de disgregación como los independentismos?. ¿Por qué existen grupos antisistema tan poderosos?. ¿Por qué los partidos políticos están dispuestos a cambiarse unos por otros en el gobierno del país todos los días, si fuera posible, y a cambiar las leyes de forma continua sin prestar atención a una ciudadanía razonable que no cree que eso sea adecuado?. ¿Por qué seguimos hablando de derechas e izquierdas y utilizamos esos términos para enfrentarnos unos a otros y considerarnos enemigo?. ¿Por qué ese atavismo de lucha de clases?

¿Por qué ahora que el país comienza a recuperarse de la crisis económica pasada, tiene buen crecimiento y el desempleo está disminuyendo, hay partidos que quieren cambiarlo todo y no dan la más mínima tregua?. ¿Por qué, desde luego y utilizando otra perspectiva, existe un desempleo tan alto?. ¿Por qué existe tanta precariedad en el empleo y tanta pobreza oculta?. ¿Por qué la corrupción ha estado tan generalizada en los últimos años?. ¿Por qué practicamos un capitalismo clientelar tan señalado?[1].

Y, en fin,  ¿por qué somos tan emotivos y tan poco prácticos? y  ¿por qué la coherencia personal es tan ajena a nuestra cultura?.

Sería importante en definitiva, y con particular referencia a España, saber los mecanismos de funcionamiento de una sociedad del bien común que se han deteriorado entre nosotros y la manera que tenemos de restaurarlos.

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[1] Ver el libro reciente, Contra el capitalismo clientelar, ediciones península, Barcelona 2017. Firmado por Sansón Carrasco pero escrito por varios abogados y notarios conocidos.

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.

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