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Los nudos gordianos que nos atenazan

Los enfrentamientos de Hamburgo revelan posturas enfrentadas, concepciones de las cosas totalmente distintas y posiciones irreconciliables. En este post nos referimos a la imposibilidad de consenso que está surgiendo en nuestro mundo y a las dificultades de todo tipo que están apareciendo para solucionar los grandes problemas que nos acucian. Utilizamos la expresión de “nudos gordianos” para caracterizar esa insolubilidad y adelantamos que fenómenos tales como, la proliferación de partidos, los radicalismos y los populismos, auguran dificultades adicionales para arreglar las cosas. 

(Imagen del principio tomada de, PERIÓDICO DEL BIEN COMÚN,  http://www.periodicodelbiencomun.com/category/bien-comun/)

Alejandro cortando el nudo gordiano, de Jean-Simon Berthélemy (1743–1811).

Los nudos gordianos

Se puede decir mucho más sobre la desigualdad y la pobreza en el mundo e intentaremos decirlo en próximos posts. Para el objetivo que nos guía, preferimos referirnos ahora a los “nudos gordianos” que nos atenazan.

Por cierto que utilizo esta denominación recordando el libro de Federico Mayor Zaragoza (nacido en 1934) de 1999, Los nudos gordianos (Galaxia Gutenbeg), y teniendo la misma sensación que él en cuanto a que muchos de los problemas de nuestro mundo no se resuelven porque están atados y bien atados. Una mezcla de fuertes hilos relacionados con, los intereses personales y de grupos, los poderosos, el dinero, que da un inmenso poder, los políticos y sus tácticas para mandar más que para solucionar la vida de las personas, la corrupción en la que caen todos, las ideologías, y las interpretaciones y concepciones diversas sobre las cosas, entre otros hilos y sogas, atenazan e impiden, soluciones, reformas y mejoras.

Mayor Zaragoza se refería en su libro a ejemplos de problemas, aparentemente insolubles, como, el medio ambiente, la paz, la renovación de la democracia y los desequilibrios de la riqueza. A los cuales se pueden hoy añadir varios más.

Cuando uno analiza los enfrentamientos de Hamburgo y ve que uno de los grupos está convencido de estar haciendo lo correcto y cree tenerlo todo bien organizado, y el otro se opone frontalmente a ello, algo complejo ocurre en nuestro mundo.

Capitalismo, libre mercado, liberalismo

Para los primeros el capitalismo es un sistema de funcionamiento natural y espontáneo que es el que los hombres hemos creado a través de largos procesos de prueba y error y, desde luego, el más eficiente.  Y además no tiene alternativas, algo en lo que todos insistimos desde la caída del muro de Berlín.

La democracia representativa según los gobernantes mundiales y la verdad es que según muchos otros, incluido yo mismo, es el menos malo de los modos de organizarnos. El mecanismo de mercado la única forma de funcionar respetando la libertad, la propiedad y los derechos fundamentales y promoviendo la iniciativa y la innovación. Y el liberalismo, consustancial con todo ello.

La desigualdad, por otro lado, no es algo de lo que tengamos que preocuparnos demasiado porque está en el orden natural de las cosas y se resuelve con el buen funcionamiento del sistema. Y la pobreza, o no existe, o las sociedades avanzadas se ocupan convenientemente de ella.

El caso de Noruega vuelve de nuevo a nuestra mente. El país y su economía es sostenible y soportable por todos sus habitantes, y una gran mayoría de ellos no quiere que las cosas cambien. No quieren, los médicos, los educadores, los jueces, los funcionarios, los políticos, los pensionistas, los beneficiarios del sistema de salud y de los subsidios, y tampoco los fontaneros y los carpinteros, por mencionar a los profesionales, es decir, todos los que dependen de que el sistema productivo y económico en general subsista y siga funcionando. Incluidos además, como es lógico, los empresarios, los banqueros y los obreros, los cuales también viven del “sistema”.

Nudos gordianos conceptuales

Todas las interpretaciones anteriores sobre el capitalismo, el mercado y la economía, son, probablemente, “nudos gordianos conceptuales”, que nadie se atreve a cortar de un tajo con la espada, como hizo Alejandro Magno con el nudo gordiano original en Frigia (Anatolia actual en Turquía), según la leyenda del rey Gordias.

Los gobernantes mundiales, a los que estamos utilizando como concepto, también, creen, por supuesto, que existen alternativas de otro tipo, sólo las posibles dentro del sistema general de funcionamiento que hemos creado. Las alternativas son relativas a, la forma de gobernar, las políticas y las actuaciones. Nadie entre dichos gobernantes, se plantea otra cosa.

Los dogmas de fe internalizados en todo lo anterior están muy generalizados en nuestras sociedades y puede que en relación con ellos sea donde se encuentre el mayor nudo gordiano de nuestro mundo.

Quizás, y por decirlo todo, también algunos piensan en grandes reformas del “sistema”, o refundaciones, las cuales, sin embargo, son más “gordianas” todavía, haciendo uso de un improvisado adjetivo.

El otro lado

Refiriéndonos al otro lado, el de los manifestantes, descontentos, indignados o desesperados, seríamos estúpidos si no nos los tomáramos en serio.

Este fin de semana, precisamente, las páginas salmón de El País se abren con un excelente reportaje sobre lo que llaman “La economía de la Ira”, del que David Fernández es el redactor principal.

No es esa la única expresión que utilizan para identificar el malestar general actual de las sociedades de muchos países. También mencionan las de,  “sociedades enfadadas”, introducida por el Credit Suisse, o las de “economías enfadadas” y “economías angustiadas”, estas dos últimas sugeridas en el Editorial del suplemento Negocios que lleva por título, “Angustia popular”.

Todo una muestra de lo que ocurre hoy en el mundo a la luz de lo cual hay que analizar las protestas de Hamburgo. No hay posibilidad de consenso. Cada cual tiene su verdad y no se solapan ni siquiera mínimamente.

Malas expectativas

El reportaje comienza mostrando unos gráficos relativos a España procedentes de la última encuesta del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas). En ellos se puede ver que un 58,9 % de la población española considera la situación como mala o muy mala, mientras que sólo un 40,5 % la considera regular o buena. Con 0,0 %, es decir, ni uno de los encuestados, que la considere muy buena.

Y lo peor es cuando se pregunta a los ciudadanos españoles sobre cómo será la situación dentro de un año. Un 62,8 % contestan que igual o peor y sólo un 23  % indica que mejor. Con un 14,2 % en este caso de NS/NC.

Y eso después de dos años y medio de profunda recuperación del crecimiento, el empleo y las exportaciones.

No puede encontrase un mejor comienzo para lo que deseamos decir sobre las dificultades del mundo en la actualidad y sobre las manifestaciones de Hamburgo.

La situación del que esto escribe, vaya por delante, es también de angustia, ya que los problemas son muchos, sus soluciones complejas y las fórmulas surgidas ante nosotros, como el ascenso de los partidos extremistas de derechas e izquierdas, y sobre todo la aparición de los populismos, es lo peor que nos podía pasar.

Da la impresión de que la gente tiene razón para estar descontenta y enfadada, pero que no sabe cuál es la solución y que escoge muy mal las posibles formas de arreglar la situación.

Como tantas veces ocurre en el mundo de la empresa y de los negocios, también en la economía, en la sociedad y en la política, estamos hoy a punto de “arreglar muy bien el problema que no es”. O de elegir por mayoría “forzada” a quien nunca podrá resolver nada.

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
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