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Los orígenes de la máquina de vapor (I)

Identificamos en este post y en el siguiente los orígenes de la máquina de vapor, y lo que es más importante para este blog, la época histórica misma en la que el hombre mezcla la capacidad especulativa de su mente, con su espíritu científico indagador de la naturaleza, y su habilidad artesanal orientada a la construcción de artefactos. La máquina de vapor, con la que básicamente comienza la Revolución Industrial en Inglaterra a mediados del siglo XVIII, es el ejemplo más cuajado de este fenómeno, buscado desde el comienzo de este blog. Puede que sea el primer invento del hombre claramente inspirado por la labor de los entonces llamados filósofos naturales (hoy quizás los científicos) que se ocupaban de explicar nuestro mundo y sus leyes. La eterna búsqueda de energía por parte del hombre es también destacada en lo que sigue.

La historia del hombre en cuanto al uso de sus manos a través de instrumentos, herramientas, aparatos y máquinas es más antigua que la del uso de su cerebro para construir ideas y teorías explicativas de lo que él mismo es y de lo que es el mundo en el que habita. La propia invención del habla y de la escritura, que algunos autores consideran avances tecnológicos del hombre, y que andando el tiempo darían lugar a las ideas y al pensamiento abstracto, son procesos espontáneos ligados a un ser que evoluciona en un entorno difícil en el que tiene que sobrevivir y medrar.

La historia de la tecnología, por otra parte, utilizando la palabra tecnología, que es relativamente moderna, para referirnos a lo que en épocas antiguas se ha llamado actividad manual, artesanía o técnica, muestra que hacer herramientas es algo continuado en el hombre desde tiempos remotos. Probablemente es por donde comenzó su diferenciación de otros animales y lo que a través de un proceso muy largo lo ha llevado a ser la forma de vida especial, a la que llamamos humana, que es hoy. Hacer instrumentos y herramientas para satisfacer sus necesidades y para superar sus limitaciones físicas y aumentar su fuerza es más natural en el hombre que pensar y reflexionar, aunque sin duda la idea de un instrumento, aparato u obra exterior al hombre mismo, comienza por algún tipo de idea abstracta en su mente, una idea que probablemente no puede ser expresada pero que mueve sus manos.

Adaptarse a su medio, sobrevivir y cubrir sus necesidades es lo que ha dirigido su evolución, habiendo pasado muy pronto, sobre todo de la mano de algunos hombres singulares, no sólo de adaptarse pasivamente sino de cambiar de actitud y actuar sobre su mundo, conquistarlo y cambiarlo. Para eso ha necesitado aumentar sus capacidades e incrementar sus fuerzas. La búsqueda de fuerza ha sido unos de los motores de la evolución del hombre, y la fuerza, como sabemos, puede obtenerse de la energía que existe en nuestro universo bajo formas muy variadas.

Transformar en fuerza la energía y buscar formas diversas de esta última ha acompañado al hombre desde sus orígenes más lejanos, pudiéndose además decir que nunca ha sido fácil encontrar energía utilizable y transformable.

Inicialmente el hombre aumentó sus fuerza trabajando en grupo con otros hombres; más adelante utilizó la fuerza de los animales; el fuego le resultó útil muy pronto en sus historia; posteriormente fue el viento el que lo llevó lejos; más adelante, en paralelo o con anterioridad, puesto que en estas cuestiones no hay un orden preciso, fueron los pequeños instrumentos físicos como la palanca, el tornillo, la rueda, el arco, el estribo y otros, los que lo ayudaron; posteriormente el hombre aprendió a utilizar el agua y el curso de los ríos; desde muy antiguo conocía la energía residente en la materia orgánica; más cerca de nosotros aprendió a sacar partido de la energía almacenada en los combustibles fósiles; y en un momento determinado a lo largo de los siglos XVII y XVIII descubrió cómo aprovechar la energía residente en sus propia atmósfera. Con este paso se adentró en la primera revolución industrial sobre la que venimos hablando desde hace varios posts.

(Continúa en el post siguiente)

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.

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