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Los reconocedores de patrones del cerebro y la estructura de un patrón (y II)

Continuamos en este post haciendo consideraciones sobre el cerebro interpretado como un conjunto de cientos de millones de “reconocedores de patrones”. Así como la mente y los procesos mentales, como patrones, o más bien como reconocedores de patrones, organizados jerárquicamente, de forma que a cierto nivel en esa jerarquía de reconocedores de patrones, y según Ray Kurzweil, el reconocedor pasa a ser una “idea”. Niveles superiores de esos reconocedores de patrones que llamamos ideas, forman el “conocimiento”, el cual es a su vez, un reconocedor de patrones superior. De esa forma, por otra parte, se pasaría, a niveles aún superiores que producirían los estados de consciencia y de introspección en los que basamos el sentido más elevado del hombre. Es una forma muy sencilla de interpretar el cerebro y sus funciones, que la pone además muy cerca de poder ser replicada por una máquina. La cuestión es si puede ser aceptada sin más.

(Continuación)

Kurzweil parece conocer muy bien el cerebro desde el punto de vista biológico y maneja excelentemente las dimensiones físicas y químicas de su funcionamiento, pero resulta excesiva la forma en la que reduce todos los fenómenos mentales a una dinámica de reconocimiento de patrones. Llega por ejemplo a estimar en 300 millones el número de reconocedores de patrones del cerebro humano y señala que ese número ha sido suficiente para que el “homo sapiens” haya desarrollado el lenguaje hablado, la escritura, la especulación intelectual y todas las herramientas, aparatos y máquinas que dicho animal ha creado.

Sorprende un poco que interprete el cerebro humano y en particular el neocórtex, simplemente como un conjunto elevadísimo y redundante de reconocedores de patrones similares a los que él ha construido en sus máquinas con microprocesadores y circuitos integrados.

Dedica un largo capítulo (el 3) a explicar su “teoría de la mente basada en el reconocimiento de patrones” (PRTM), poniendo especial interés en describir la estructura de un patrón y la naturaleza del flujo de datos que se mueve a través de los reconocedores de patrones del neocórtex, pero, francamente, da la impresión de que nos está contando cómo funcionan sus máquinas lectoras a pesar de su referencia continua al funcionamiento de las neuronas y del cerebro, con particular referencia al neocórtex.

Como más adelante en su libro se refiere con detalle a tareas superiores del cerebro como el aprendizaje, el lenguaje del pensamiento, el lenguaje de los sueños y otros, además de dedicar un capítulo (el 6) a lo que llama “Habilidades Transcendentes”, entre las que incluye, la aptitud, la creatividad y el amor, suspenderemos de momento nuestra opinión definitiva sobre el intento de este autor de “crear una mente”
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Lo que sí sabemos es que va en serio, ya que una vez descrito el cerebro como una estructura de reconocimiento de patrones, y una vez demostrado que su planteamiento básico es simple y que sus capacidades surgen de la repetición y la redundancia, entra en funcionamiento su famosa Ley de los Rendimientos Acelerados (LOAR) de la Tecnología. Según ella los avances tecnológicos, particularmente en el terreno de las tecnologías de la información, son exponenciales y acelerados, lo que para él significa que no podemos impresionarnos por el número de neuronas y conexiones del cerebro ya que muy pronto seremos capaces de replicar el mismo número y la misma complejidad y probablemente a mayores velocidades y con más eficiencia, con la tecnología que desarrollaremos

Cree a pie juntillas también en la ingeniería inversa del cerebro, es decir, en replicar en las máquinas lo que hace el neocórtex, sabiendo que es ahí, donde se produce lo que el hombre es en realidad, es decir, el pensamiento, la lógica, la creatividad, la consciencia, y la introspección.

Para adentrarse en esa cuestión hace gala de un conocimiento profundo del neocórtex biológico y del cerebro más antiguo, a los que dedica dos interesantes capítulos (el 4 y el 5).

Más adelante dedica otros dos capítulos (el 7 y el 8), largos y profundos, y que constituyen lo más básico y técnico del libro, a describir lo que sería un neocórtex digital inspirado por el neocórtex biológico, el primero, y a explicar la mente humana como si fuera un ordenador, el segundo.

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.

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