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Medicina en la Grecia Clásica

La medicina como actividad de los hombres sufre un cambio radical en la Grecia Clásica. En línea con el abandono de todo lo mágico y mítico de las civilizaciones anteriores y con el enfasis en la razón y en lo racional que los griegos pusieron en marcha en esa época de forma generalizada, la medicina se desprende de sus componentes religiosos y se transforma por primera vez en la historia en una profesión independiente y en una verdadera ciencia. No una ciencia moderna desde luego, pero sí una ciencia bastante avanzada para la época y, sobre todo, considerablemente más adelantada que otras. Nuestra hipótesis es que la unión entre lo racional y lo práctico y entre lo intelectual y lo empírico se produjo muy tempranamente en la medicina por mediación de los griegos de la época clásica.

El primer experto griego en medicina del que tenemos noticia es Alcmeón de Crotona (Siglo VI a. C.), de quien nos dicen los manuales de Historia que fue un filósofo pitagórico dedicado a esta materia. Fue el primero, sin ninguna duda, en formular una concepción de la salud que superaba y abandonaba los rituales sanadores anteriores entre los que se encontraban las plegarias a los dioses de la salud, las danzas sanadoras y el conocimiento empírico de ciertos remedios.

Sus enseñanzas evitaban la magia y la referencia a los dioses de la medicina anterior a su época y preconizaban el énfasis en la ciencia natural y en el conocimiento de la fisiología humana. Fue muy seguido y se crearon muchas escuelas bajo su advocación.

Era dualista, sin embargo, como buen pitagórico, y creía en el alma inmortal explicando que ésta poseía la cualidad de los cuerpos celestes de estar siempre girando en círculos. Basándose en ello indicó que el hombre era mortal porque es incapaz de juntar el principio con el final como ocurre en una circunferencia. Creía en la armonía como una ley universal que regulaba todo.

Resulta curioso ante estas manifestaciones tempranas de la racionalidad del hombre, ver cómo los griegos en general y el que comentamos en particular, Alcmeón, superaron la época mágica de la humanidad y vislumbraron la ciencia moderna. No llegaron a desarrollarla totalmente debido, probablemente, a la excesiva importancia que daban al razonamiento meramente intelectual y al dualismo que todos compartían.

Con Hipócrates (460 – 370 a. C.), el verdadero padre de la medicina, los avances fueron superiores y definitivos. Separó totalmente a la medicina de las concepciones mágico- religiosas y de la filosofía y la transformó en una verdadera profesión. Sus condiscípulos pitagóricos lo consideraron, no obstante, como el hombre que unió filosofía y medicina. Vivió en la época dorada de la civilización griega y participó de la cosmogonía o cosmovisión construida en ella consistente en abandonar el mito y concentrarse en la razón.

Fue durante toda su vida un médico y un profesor de medicina y se le asigna la autoría de la inmensa obra conocida como “Corpus hipocrático”, hoy desaparecida pero de la que hay muchas referencias históricas y copias completas traducidas desde hace años a la mayor parte de los idiomas modernos. Es un conjunto de más de setenta escritos sobre medicina que no pueden deberse directamente a Hipócrates porque se escribieron a lo largo de unos dos siglos, pero que forman parte de la labor de su escuela, es decir, de la de sus alumnos y seguidores.

Achacó la enfermedad a los factores ambientales, a la dieta y a los hábitos de vida y basó la práctica médica en el pronóstico y en el cuidado del paciente. No tenían en la época grandes conocimientos de anatomía debido a la prohibición de diseccionar los cadáveres existente en aquella época en Grecia, pero la escuela hipocrática tuvo grandes éxitos usando diagnósticos generales y tratamientos pasivos. Fue de hecho muy eficaz en la práctica clínica y se ocupó de enfermedades de todo tipo. Se separó en ese sentido de otras escuelas griegas que preconizaban el diagnóstico específico y el tratamiento especializado. Por eso y por su pasividad en los tratamientos ha sido criticada modernamente.

(Continúa en el próximo post)

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.

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