Neurociencia y Consciencia. Los eslabones perdidos.

Deseo recordar que este blog está dedicado, como su nombre pretende indicar, a la consideración de todas las tecnologías relacionadas con el cerebro y, por extensión con todas las materias que forman parte de las ciencias cognitivas o, de la ciencia cognitiva, si se interpreta el tema de forma unitaria. Cada vez hay más áreas del saber relacionadas con el conocimiento pero haciendo uso de la formalización actual sobre estas ciencias deberíamos incluir dentro de ellas por lo menos a las siguientes: Filosofía, Lingüística, Antropología, Neurociencia, Inteligencia Artificial y Psicología, lista a la que la Cognitive Science Society añade la Educación. Siete ciencias, o áreas de conocimiento, como vemos. La tecnología tiene cada vez más relación con ellas, y la Inteligencia Artificial es un tema central en cuanto a las mismas al que hemos dedicado atención y le dedicaremos mucha más en próximos posts. En los últimos tiempos sin embargo, hemos dedicado más atención a la mente, al cerebro y a la cuestión de la consciencia y el espíritu, debido en gran manera a que sin avanzar en ese terreno la tecnología tendrá poco que hacer de una manera radical en todo lo relacionado con el conocimiento. 

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Componentes de la Ciencia Cognitiva (Tomado de Wikipedia)

Terminábamos nuestro post anterior refiriéndonos a cinco enfoques distintos sobre la aparición de la consciencia en el hombre. Todos se basan, según lo indicado por Javier Monserrat, en el paradigma más actual sobre la historia y naturaleza de la consciencia: el emergentista-evolutivo-funcional (EEF)[i].

En su excelente artículo, Los Paradigmas de la Neurociencia Actual, mencionado también en los posts anteriores, publicado en Cuenta y Razón, número 34, 2015, y que esperamos colgar pronto en acandas.es, se analizan las distintas teorías formuladas sobre esta cuestión las cuales se cruzan con dos paradigmas o interpretaciones generales sobre el psiquismo humano. Además del paradigma EEF mencionado, más actual y más compartido, explica Monserrat en su artículo el paradigma mecanicista-reduccionista-computacional (MRC), más antiguo, y quizás superado hoy.

Los cinco enfoques (o teorías) sobre la emocionalidad, subjetividad, consciencia y racionalidad del hombre, se adscriben a autores muy conocidos, con obras desarrolladas a lo largo del siglo XX. Como dice Monserrat en su artículo, los enfoques no son excluyentes unos de otros, y más bien, digo yo, se solapan, y todos los autores tienen razón en parte. El mundo espiritual del hombre, su psiquismo, es lógico que dependa de todo lo que el hombre es: de su vida como un animal más, de su dimensión biológica, de la evolución a que está sometido, de su entorno, de los esfuerzos que tiene que realizar para vivir, de su vida en sociedad, del lenguaje y sus necesidades de comunicación, de la ciencia, el arte, la tecnología y del pensamiento formal o filosofía por él generados, y como decimos hoy con más insistencia, del desarrollo de su cerebro y de las nuevas redes neuronales continuamente generadas dentro de él.

Pero más que esas dimensiones de la vida del hombre a estas alturas de la historia, tendría sentido plantearse cuestiones como las siguientes: ¿cómo un primer individuo de nuestra especie comenzó a hacerse preguntas en relación con el mundo en que habitaba y sobre las cosas que veía a diario?; ¿cómo llegó a separarse de ese mundo en el que vivía “como pez en el agua” y empezó a verlo con cierta distancia?; o, ¿cómo el hemisferio izquierdo del cerebro, entrando ya en explicaciones neurológicas, se diferenció del hemisferio derecho?

En cualquier caso sabemos que la capacidad intelectual del hombre, su sensibilidad y su racionalidad evolucionan continuamente y llevan a una mayor comprensión de nuestro mundo, así como, eventualmente, y a pesar de las diferencias entre personas, a una mayor autoconsciencia. No hay problema por otra parte en hablar de la consciencia y del psiquismo del hombre a estas alturas de su evolución, pues existe una dinámica muy estudiada del pensamiento del hombre, de su subjetividad, de su comportamiento, de la adquisición de conocimientos, de su imaginación, creatividad e inventiva, de su libre albedrío y de su ética, de su capacidad de organizarse y gobernarse, de su habilidad para crear instituciones y formular leyes y políticas de actuación y de mil temas más.  Hay, en resumen, mucho material para trabajar sin necesidad de cuestionarse los fundamentos.

¿Por qué sin embargo nos preguntamos una y otra vez por el aparente dualismo entre materia y espíritu, materia y consciencia, o materia y actividad intelectual?

Sin duda porque hay aspectos sin explicar todavía y que resultan verdaderamente extraños. No sabemos cómo de la redes neuronales, de los engramas, surgen los fenómenos mentales conocidos por todos los hombres. Sabemos de la existencia de correlatos entre ellos, pero hay un último paso imposible de explicar todavía. No sabemos qué son, cómo se forman y dónde se alojan las imágenes que vemos cuando soñamos, los recuerdos que somos capaces de traer a nuestra mente, las nuevas ideas surgidas de nuestro interior, los inventos, la ciencia, la tecnología, los poemas escritos por algunos, las obras literarias, musicales, pictóricas o de otro tipo, los sentimientos, las emociones, la subjetividad en general, la racionalidad y la consciencia, entre muchos fenómenos más siempre en movimiento por algún sitio de nuestra mente[ii].

Si utilizáramos los ordenadores actuales cómo referencia podríamos indicar que en sus circuitos y microprocesadores se mueven y se almacenan ceros y unos transformados por nuestra habilidad en impulsos y no impulsos eléctricos. Podríamos añadir además que el ordenador puede transformar los trenes digitales, o trenes de ceros y unos, en las imágenes con todo el colorido del mundo que aparecen en una pantalla, en los sonidos que surgen de un altavoz, en los escritos que recogen nuestro pensamiento y en figuras y gráficos de mil formas.

De manera análoga podríamos pensar que los impulsos eléctricos de baja frecuencia producidos en las neuronas del cerebro del hombre y transmitidos por las sinapsis, podrían transformarse en las imágenes y en los fenómenos mentales mencionados, pero, y aquí está el problema clave: ¿qué son y dónde están en nuestro cerebro esas “pantallas de plasma” en las que aparecen nuestras imágenes y nuestros fenómenos mentales?, ¿cómo en nuestro cerebro los impulsos eléctricos de las neuronas se transforman en ideas?, ¿quién, o qué, procesa nuestros impulsos neuronales y cómo son procesados?

En relación con el tema “neurociencia y consciencia” nos faltan eslabones para explicar esos procesos y no pueden ser otros que los aportados por el mundo cuántico hacia el que vamos y sobre el que daremos algunas explicaciones más adelante en este blog.

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[i] Dicho muy brevemente, la consciencia es algo que emerge de la complejidad del cerebro, es producto de la evolución del hombre y resultado de las funciones a las que tiene que enfrentarse

[ii] Algunos dirían que “se mueven por nuestro cerebro”, ya que consideran que lo único verdaderamente existente es esto último. La mente según ellos es una entelequia.

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
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