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Neurociencias y Filosofía (II)

Continuamos en esta entrega el resumen del debate mantenido entre filósofos y neurocientíficos como consecuencia del libro cuya portada incluimos.

Del lado de los filósofos son muy conocidos por su beligerancia, su intensa actividad y sus múltiples publicaciones, John Searle, Daniel Dennet, y los Churchland, Paul, el marido y Patricia, la mujer, todos ellos catalogables como neurofilósofos o filósofos de la mente. Los títulos de sus obras han captado la atención del público especializado y no especializado por ejemplo, Mente, lenguaje y sociedad: la filosofía en el mundo real, Mentes, cerebros y ciencia y El misterio de la conciencia, del primero, Content and Consciousness (Contenido y conciencia), Brainstorms: Philosophical Essays on Mind and Psychology. Consciousness Explained, del segundo y The Engine of Reason, The Seat of the Soul: A Philosophical Journey into the Brain y Matter and Consciousness y Neurophilosophy: Toward a Unified Science of the Mind-Brain, The Computational Brain y The Mind-Brain Continuum, de los terceros.

En cuanto a los neurocientíficos hay más dispersión, pero suenan también mucho Francis Crick, Antonio Damasio, Gerald Edelman, David Marr, Christof Koch y muchos otros.. Los títulos de sus obras son deslumbrantes también.

Un terreno novedoso en el que en nuestro país ha hecho una notable labor de divulgación Eduardo Punset con sus destacados libros, entre ellos. Cara a cara con la vida, la mente y el universo, El viaje a la felicidad: Las nuevas claves científicas y El alma está en el cerebro. Radiografía de la máquina de pensar. Y suenan por sus publicaciones Francisco J. Rubia, Francisco Mora y otros.

A muchos nos estaban gustando las aportaciones de estos autores y sus esfuerzos para encontrar un lenguaje común con el que describir los fenómenos o procesos del cerebro humano en los que se interrelaciona lo físico y lo psicológico. Como ellos mismos, esperábamos mucho de esta colaboración.

Por eso ha sido como un jarro de agua fría la difusión del ataque profundo a esa labor conjunta que ha supuesto el libro de Maxwell Bennet y Peter Hacker “Philosophical Foundations of Neurociences” publicado originalmente en inglés por Blackwell en 2003. Libro que “llamó la atención de inmediato, porque era la primera evaluación sistemática de las bases conceptuales de la neurociencia, tal como habían sido establecidas por científicos y filósofos”, como se indica en la Introducción del más reciente en español, “La Naturaleza de la Conciencia. Cerebro, Mente y Lenguaje” (Paidós, Barcelona, 2008) en el que se recoge una gran parte del debate al que hace referencia esta nota.

Se indica asimismo en la Introducción mencionada que en 2004 la American Philosophical Association (APA) invitó a Bennet y a Hacker a mantener un debate con John Searle y Daniel Dennet, a los que directamente se criticaba en el libro de los dos primeros, en la reunión anual de la Asociación de 2005. El debate tuvo lugar y las actas se publicaron en forma de libro en 2007 por la Columbia University Press con el título en inglés “Neuroscience & Philosophy. Brain, Mind & Language”, del que surge la traducción española de Paidós citada en el párrafo anterior.

Maxwell Bennet es catedrático de neurociencia de la Universidad de Sidney y director científico del Brain and Mind Research Institutey. Peter Hacker es profesor de filosofía del St. John’s College de Oxford y uno de los principales expertos actuales en Wittgenstein. Ambos son autores y coautores de diversas obras. Su colaboración que se extiende a varios libros ha resultado muy fructífera al combinar las dos materias sobre las que tratamos: neurociencia y filosofía.

La crítica que hacen a los neurocientíficos y a los filósofos tiene que ver con el lenguaje utilizado por los primeros inspirados por los segundos en relación con las funciones del cerebro. Insisten en que no se puede achacar al cerebro funciones que corresponden al ser humano en su conjunto. El cerebro, según ellos, no sabe cosas, no razona de forma inductiva, no construye hipótesis basadas en argumentos, no decide; y las neuronas que lo componen no son inteligentes, no saben calcular probabilidades y no ofrecen argumentos, como dicen hoy muchos neurocientíficos. Todas esas tareas corresponden al hombre no al cerebro.

El punto de apoyo para esta crítica está en la filosofía de Ludwig Wittgenstein y un argumento básico para ella queda recogido en la siguiente frase de este autor:

“Sólo del ser humano y de lo que se parece a un ser humano (se comporta como tal) se puede decir: tienen sensaciones; ve, es ciego; oye, es sordo; es consciente o inconsciente”

Argumentan que sólo si se hubiera producido el descubrimiento neurocientífico de que los cerebros también ven y oyen, piensan y creen, y formulan y responden preguntas, sería correcta la adscripción de los atributos psicológicos del hombre al cerebro. Tal descubrimiento no se ha producido en absoluto.

En línea con este argumento hablan de la “falacia mereológica” definida como la atribución a las partes de aquello que sólo tiene sentido cuando se atribuye al todo.

Tachan a los especialistas en neurociencia cognitiva (neurocientíficos y filósofos) a los que critican, de dualistas estructurales, al haber cambiado el dualismos cartesiano cuerpo-mente por el nuevo dualismo cuerpo-cerebro.

Atacan además el uso de las palabras “qualia” y “quale” que tanto gustan a Searle Eldeman, Chalmers, Damasio y otros para denominar a las “sensaciones cualitativas” del cerebro deducidas de experiencias externas. Una vez más dicen que si tales sensaciones existieran seguirían siendo atributos de los seres humanos, no del cerebro.

Las defensas que Dennet y Searle hacen de sus posiciones son muy sólidas, y muy duras las críticas que ellos a su vez hacen a Bennet y Hacker, pero no dejan de salir bastante tocados del debate, sobre todo cuando ellos y otros filósofos son tratados de lacayos de los neurocientíficos en el capítulo final de la obra escrito por Daniel Robinson. La verdad es que el altar en el que algunos habíamos colocado a Searle y Dennet se ha venido un poco abajo.

Lo peor además, y así se indica en el libro, es que esta crítica puede destruir la colaboración actual entre neurocientíficos y filósofos y detener unas investigaciones que hasta ahora eran muy prometedoras.

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
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