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Newton y sus contemporáneos

Con Newton quedó muy definida la ciencia moderna y la nueva racionalidad que iba a dominar el mundo a lo largo de los casi tres siglos siguientes a su época. Como se ha dicho en posts anteriores fue capaz de crear una nueva cosmovisión sobre el mundo en el que habitamos. Pero no estuvo sólo en eso. Muchos contemporáneos trabajaron sobre los mismos temas y debatieron, criticaron y rechazaron sus teorías y propuestas. Para destacar más la labor de este importante personaje dedicamos ahora varios posts a sus relaciones con otros científicos contemporáneos

Para el objetivo de este blog relacionado con la evolución de la racionalidad humana, lo dicho ya sobre la Revolución Científica y la obra de Newton (1642-1727) sería suficiente para dejar planteada la ciencia moderna, es decir, la racionalidad practicada masivamente por los hombres en los siglos XVIII, XIX y parcialmente en el XX. Ya se ha indicado que la visión mecanicista del mundo, la constatación de que existen leyes en la Naturaleza que pueden ser expresadas en términos matemáticos, el carácter universal de las mismas — lo que las haría útiles para explicar muchos fenómenos diferentes — y, muy especialmente, la posibilidad (y necesidad) de analizar los fenómenos físicos y demostrar con experimentos las leyes que los rigen, constituyen los elementos básicos de dicha nueva racionalidad.

Mi intención era pasar ya deprisa a los avances en todos los frentes que se produjeron en la época de la Ilustración, pero la aparición en español del famoso libro de Robert Boyle (1627-1691), “El químico escéptico” (1), publicado por primera vez en Inglaterra en 1661, me ha hecho ver la conveniencia de dedicar algunos posts al desarrollo de la mencionada nueva racionalidad. Al fin y al cabo, hoy nos parece muy clara la labor de Isaac Newton, pero no lo fue tanto en su época. No dejó, en efecto, de tener críticos y enemigos, y él mismo, a pesar de su soberbia y de su solidez intelectual, no fue inmune a las dudas y al desaliento.

Por otra parte, hoy, tres siglos después de la obra de Newton, sabemos que el mundo y las leyes que lo gobiernan no son exactamente como las describió este grandioso personaje. Por eso conviene detenerse algo en la manera en la que se formó, se consolidó y se generalizó dicha nueva racionalidad.

Robert Boyle (1627- 1691) fue un gran científico irlandés antecesor de Newton pero en parte su contemporáneo. Sus vidas se solaparon 49 años y teniendo en cuenta que el primero vivió sólo 65 años y el segundo 85, es decir, que Boyle tenía sólo 15 años cuando nació Newton, es fácil deducir las influencias e interrelaciones de ambos.

Cuando Newton comenzó sus estudios en Cambridge los científicos británicos más relevantes eran Robert Hooke (1635 – 1703) y Robert Boyle. El primero que fue ayudante del segundo es considerado por la historia como gran enemigo de Newton con el que mantuvo destacadas polémicas. Era de por sí pendenciero, voluble y muy dado al estudio de temas muy variados sin profundizar excesivamente en ellos. Una característica, esta última, muy distinta a la capacidad de concentración de Newton, sobre el que algunos psicólogos modernos, con particular referencia al profesor de Cambridge Simon Baron-Cohen, han sugerido que pudo padecer del síndrome de Asperger, un autismo ligero que dota a los que lo padecen de un interés muy intenso por los temas de que se ocupan.

Hooke sin embargo es considerado hoy como un gran científico. Su obra ha sido reivindicada recientemente y algunos autores lo han calificado como el “genio olvidado”. Parte de dicho olvido puede deberse, por cierto, a la labor manipuladora del mismo Newton, que llegó a borrar su nombre de su primer libro “The Principia” y al parecer hizo desparecer de la Royal Society cuadros, documentos y referencias diversas de Hooke. Fue secretario de esta institución hasta su muerte en 1703, el mismo año en el que Newton fue nombrado presidente. Antes, desde 1662 a 1677 (año en el que fue nombrado secretario), fue Director de Experimentación de dicha sociedad.
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(1) Robert Boyle, “El químico escéptico”, edición de Javier Ordóñez y Natalia Pérez Galdós. Clásicos de la Ciencia y la Tecnología. Museo Nacional de Ciencia y Tecnología, Crítica, Barcelona, 2012. Colección Dirigida por José Manuel Sánchez Ron.

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
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