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Pensamiento y acción tecnológica

Siguiendo con nuestra idea de que la tecnología es algo bastante diferente de la ciencia y que esta última no lleva necesariamente a la primera, se hacen en este posts algunas consideraciones sobre esa cuestión. Los grandes inventores no han sido casi nunca grandes científicos y muy pocos científicos han producido tecnología. Con frecuencia, además, los inventores tienen conocimientos imprecisos de las explicaciones científicas. Y, sin embargo, son capaces de hacer artefactos que funcionan y tienen utilidad.

(Continuación del post anterior)

Desde los tiempos más remotos, pues, el hombre ha hecho tecnología y probablemente hasta el siglo XVIII tal actividad era autónoma y paralela a la propiamente intelectual. No es que de una forma generalizada los hombres se olvidaran de ella, ya que hay desde muy antiguo tratados, dibujos y referencias diversas a máquinas, aparatos, utensilios y, sobre todo, a armas bélicas y construcciones. ¿Qué se puede decir de los carros y máquinas de guerra asirios, de los barcos griegos, fenicios y chinos, más tarde, o de las grandes calzadas, acueductos y puentes romanos?.

Para todo eso se necesitaban conocimientos y alguien los creaba, aportaba y enseñaba. La labor de los que se dedicaban a ellos tenía que ser apreciada y valorada, pero es cierto que durante siglos los hombres nobles y libres se dedicaban a la filosofía, a la escritura, a la cultura, a la política y al gobierno. No sabemos muy bien cómo se organizaban los conocimientos prácticos (tecnológicos) en épocas antiguas pero lo que sabemos es que eran conocimientos artesanales que se desarrollaban y aprendían “haciendo” y en los que primaba más la habilidad de las manos que los razonamientos intelectuales. Algo que comenzó a cambiar, como hemos dicho, con la Revolución Científica.

La historia de la tecnología está bien documentada en publicaciones muy diversas. Sería además muy difícil y extenso hacer un resumen coherente aquí de ella, pero no nos resistimos a hacer una síntesis rápida que nos indique el estado de la tecnología a mediados del siglo XVIII. A partir de esa fecha ciencia y tecnología van viajar, si no juntas, cercanas y con fuertes relaciones entre ellas. Aunque debemos indicar que a pesar del interés de algunos, no existe un continuo entre ciencia, ciencia aplicada y tecnología. La tecnología y sobre todo la innovación, es decir, el éxito de una tecnología en el mercado, la economía y la sociedad y su implantación y utilización, no está garantizado por ningún conocimiento, digamos que matemático o teórico. Los inventores con mucha frecuencia no dominan los conocimientos científicos y su labor es más artesanal que intelectual. Lo demuestran, no sólo los ejemplos de inventores clásicos como Graham Bell, Edison, Marconi y otros, sino los más recientes de Bill Gates (Microsoft), Steve Jobs (Apple), Larry Page y Sergey Brin (Google), o Mark Zuckerberg (Facebook). La ciencia no ha llevado directamente a ninguna de las innovaciones de esos personajes, aunque está claro que para que dichas innovaciones tuvieran lugar fueron necesarios previamente la electricidad, los ordenadores, la tecnología digital e Internet. Lo curioso además, como ocurrió en el caso de Bell, es que aún después de inventar el teléfono desconocía el verdadero funcionamiento eléctrico del mismo y lo que la electricidad era en realidad.

En la tecnología y en la invención hay mucho de artesanía y de “serendipity”, por más que la ciencia avance en extensión y en profundidad y por más que se ocupe de los detalles más nimios de las cosas.

(Continúa en el post siguiente)

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.

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