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Procesos y estados finales. La competencia como proceso de descubrimiento.

Nos referimos en este post a aspectos adicionales de la Economía Austríaca que son asimismo interesantes. Su interpretación de los fenómenos económicos como procesos de descubrimiento y aprendizaje es algo muy inteligente y quizás verdadero, aunque es probable que esa afirmación no sea otra cosa que un “racionalismo”, es decir, algo muy básico que no elimina otras visiones y que no sirve como concepción única de los mencionados fenómenos económicos. En este post nos referimos con brevedad a esa cuestión, así como a otra, enormemente importante y más general y válida que la anterior, que es la consideración del mercado y de la economía como fenómenos espontáneos sobre los que la intervención, y sobre todo el intervencionismo, son siempre peligrosos. Friedrich Hayek se refirió ampliamente a estas cuestiones.

(Continuación del post anterior)

Hemos dicho en el post anterior que los economistas austríacos no creen en los estados finales pero habría que precisar que no es que no crean, sino que no cuentan con ellos porque no pueden conocerse a priori sus características. Los estados finales no son algo en lo que se pueda creer o no, son situaciones de hecho en las que vivimos en un momento determinado, pero son cambiantes y la intervención estatal pueden cambiarlos más, siempre para peor, según los austríacos.

La forma cómo los economistas anglosajones se enfrentan a la competencia y cómo lo hacen los austríacos sería un ejemplo de las diferencias fundamentales entre estos dos grupos de pensamiento económico. Los primeros definen la competencia perfecta como una situación en la que muchas pequeñas empresas compiten con productos homogéneos en igualdad de condiciones y con un conocimiento perfecto de los mercados abierto a todos. Para Hayek y otros austríacos la competencia es el comportamiento de rivalidad y el proceso según el cual unas empresas mejoran o diferencian sus productos, sin que nunca exista una competencia perfecta del mercado. De las estrategias competitivas no se sabe nunca a priori si serán buenas o malas, por lo que competir es siempre un “proceso de descubrimiento”. De ahí, por otra parte, deducen la imposibilidad de políticas de defensa de la competencia, las leyes “antitrust”, las cuotas a la importación y otros proteccionismos de los gobiernos que los austríacos siempre consideran intervencionistas y negativas en cuanto a la benefactora rivalidad competitiva.

Uno de sus mayores éxitos históricos es su ataque frontal a las economías socialistas de planificación centralizada y sus explicaciones en cuanto a su imposibilidad de funcionamiento. Mucho antes del hundimiento de la Unión Soviética tanto von Mises como Hayek habían predicho que tal hecho tendría lugar. Por activa y por pasiva demostraron que la economía tiene que basarse en la libertad individual, en la libertad de los mercados, en la propiedad privada de los medios de producción, en la no intervención estatal y en la no existencia de los órganos reguladores. Hayek en concreto, en su libro “Camino de servidumbre”, indica que las economías socialistas llevan al totalitarismo y a la ausencia de libertad.

Creen, especialmente Hayek que escribió ampliamente sobre ello, que la economía y especialmente el mercado son procesos espontáneos, que no han surgido de la existencia de leyes, instituciones y organizaciones creadas a priori sino que más bien han sido dichos procesos de intercambio surgidos de forma natural y desorganizada, los que han dado lugar al orden que vemos en nuestro mundo. Las instituciones válidas son las que surgen de la acción individual espontánea y el racionalismo orientado a organizar conscientemente el mundo es una seria amenaza para la civilización. No es extraño que los austríacos actuales arremetan contra tanta ingeniería social como vemos a nuestro alrededor.

Hay también un terreno en el que los economistas austríacos se han esmerado haciendo análisis detallados, se trata de la crítica al keynesianismo. Hablaremos de ella en los próximos posts y dedicaremos algo de atención al libro de Juan Ramón Rallo que mencionábamos al comienzo de la actual serie de entregas. Es un libro dedicado precisamente a la refutación total de la “Teoría General”, como se dice en su subtítulo.

De momento podemos decir que los austríacos dan más importancia a la microeconomía que a la macroeconomía y prestan mucha más atención al lado de la oferta que al lado de la demanda. Cosa por cierto que también es muy atractiva después del largo periodo que llevamos dominados por esos segundos enfoques y cansados de sus poquísimos grados de libertad.

(Continúa en el post siguiente)

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.

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