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Prospectiva de las Ideas (VI)

En el mundo han existido desde los tiempos más antiguos una serie de cosmogonías

Las cosmogonías más antiguas

Interpretada en el segundo sentido, se puede decir que en lo relativo al mundo occidental, han existido una serie de grandes “cosmogonías” o “cosmovisiones”.

La “animista” de la antigüedad más lejana, prevaleciente todavía en algunos reductos, llevaba a creer en un devenir del mundo del que el hombre formaba parte y sobre el que tenía muy poco que hacer. La vida y el mundo es el río que nos lleva, y sólo tenemos que acomodarnos y dejarnos llevar.

Como sabemos, esa posición básica de que las cosas no dependen del hombre, especialmente en lo físico, hace que la tecnología evolucione relativamente poco y la actuación sobre el entorno sea mínima en términos diarios y corrientes..

La “divino-mitológica”, en la que hay que situar a grandes épocas y civilizaciones, desde los egipcios, a los griegos, romanos y muchas otras alrededor del mundo, es la segunda cosmogonía utilizada en este trabajo. La vida seguía en esas épocas siendo un devenir, pero los hombres habían imaginado la existencia de un mundo distinto habitado por dioses que tenían pasiones, actuaban unos contra otros y cambiaban y transformaban las cosas ejerciendo su poder y su fuerza. El hombre tomó entonces conciencia de la muerte y la imaginó como un tránsito hacia ese otro mundo, creyendo firmemente en la repetición en el nuestro de lo que los dioses hacían en el suyo, incluyendo guerras, conquistas, esclavitud y dominio.

En lo relativo a ciencia y tecnología se avanzó mucho en navegación, monumentos, obras militares e infraestructuras civiles pero la mayor parte de ellas dependían de la fuerza física del hombre y de algunos mecanismos muy elementales disponibles desde épocas remotas. Eran actividades manuales, repetitivas, aprendidas viendo y haciendo.

La cosmovisión “occidental-cristiana” constituye otra visión del mundo en la que la existencia de un Dios todopoderoso, creador, mantenedor y cuidador del mundo, de los hombres y de las cosas, inunda toda la vida de las personas. El hombre sólo tiene que interpretar la naturaleza y la vida a la luz de lo que Dios ha manifestado y debe avanzar en conocimiento fuertemente apegado a la teología y la religión.

Se avanza enormemente en esa época en humanización y dignificación de todos los seres humanos y muchos admiramos las aportaciones del humanismo cristiano al mundo de nuestros días, pero en términos de ciencia y tecnología las cosas no fueron muy allá. El hombre noble, seguía ocupándose como en la época de Platón el hombre noble y libre, de la filosofía, de la lógica, de la teología y de la religión.

Se construyeron grandes catedrales en honor de Dios pero su diseño, la forma de levantarlas, los materiales, las herramientas y las enormes cantidades de mano de obra empleada no eran objeto de reflexión formal alguna. Todas esas actividades se mantenían todavía en el terreno de la artesanía y de acción manual en los que la labor especulativa de la mente era poco necesaria.

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
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