Limitaciones de información, tiempo y certidumbre. En la práctica, los administradores no pueden ser absolutamente racionales. Se deben considerar los límites de la racionalidad, así como el grado y la naturaleza de los riesgos implicados en la toma de decisiones.

Racionalidad limitada

Continuamos en este nuevo post analizando la “economía del comportamiento” con especial atención a la obra de uno de sus pioneros: Hebert Simon. Sus dos conceptos más populares relacionados con la toma de decisiones y las elecciones individuales en temas económicos, “racionalidad limitada” y “resultados simplemente satisfactorios”, se hicieron muy populares en la segunda mitad del siglo pasado. Le sirvieron además para conseguir el Premio Nobel de Economía de 1978, un año antes de que Kahneman y Tversky difundieran los resultados de sus estudios sobre la psicología de las decisiones y sobre el comportamiento humano en temas de juegos, inversiones y riesgos económicos.

(Figura colocada al principio tomada de la presentación http://slideplayer.es/slide/5553532/)

Los diversos trabajos de Herbert Simon

Resultado de imagen de racionalidad limitada imágenesLas últimas explicaciones dadas en el post anterior sobre la optimización de las operaciones militares, es lo que quizás no funcionó en el mundo empresarial cuando se trató de aplicar dicho enfoque a cualquier tipo de decisión de las muchas que un directivo tiene que tomar a lo largo del día. Pronto se descubrió que en dichas decisiones y mucho más en las de los individuos aislados, consumiendo, invirtiendo o ahorrando, la decisión no es absolutamente racional.

Fue Herbert Simon (1996-2001), el gran economista, politólogo, teórico de las ciencias sociales, padre de la Inteligencia Artificial y muchas otras cosas más, el que desarrolló una crítica a la toma de decisiones racional, maximizadora y optimizadora. Sus ideas en este terreno fueron presentadas por primera vez en su libro de 1947, Administrative Behavior: A Study of Decision-Making Processes in Administrative Organization.

Era justo la fecha en la que la IO se hacía popular en el mundo empresarial. De hecho las ideas de Simon todavía no se habían difundido excesivamente en mi primera estancia en la Universidad de Pennsylvania, a finales de los 60 y comienzo de los 70, como he dicho antes, aunque su libro era ya un clásico de la Administración de Empresas.

Trabajé e investigué entonces con Russell Ackoff en el Management and Behavioral Science Center de la Universidad de Pennsylvania, centro transformado posteriormente en The Busch Center, más o menos en los años en los que funcionó en Wharton School, el Social Systems Sciences Department, en el que como he dicho ya terminé todos los cursos del PhD e inicié mi segunda tesis doctoral. Menciono estos extremos de mi vida profesional porque lo que vengo relatando en relación con la toma de decisiones es lo que viví en aquellos años

Sobre estas actividades copio en nota a pie de página el relato de estos hechos realizado por el escritor americano Steven F. Freeman, uno de los estudiantes del SSS, o “S cubed”, como también lo llamábamos (1).

Pero volviendo a Herbert Simon, en su biografía se menciona que se transformó pronto en un personaje muy adelantado para su época y tuvo una mentalidad muy abierta que lo llevó a trabajar y a hacer aportaciones en muchas áreas del saber. Trabajó, por ejemplo, en informática y psicología cognitiva, materias en las que colaboró  con Allen Newell (1927-1992) durante más de veinte años y en las que fueron pioneros. Crearon un primer lenguaje de procesamiento de información y los dos primeros programas que podrían considerarse de inteligencia artificial. Los dos asistieron a la famosa  Conferencia de Dartmouth del verano de 1956  en la que se acuñó el término de Inteligencia Artificial y a partir de la que dieron comienzo los grandes programas de investigación americanos en este terreno.

Bounded rationality

Simon trabajó además en, procesamiento de la información, procesos de toma de decisiones, métodos diversos para la solución de problemas, teoría de la organización, análisis y funcionamiento de sistemas complejos, técnicas de simulación en ordenador y en métodos heurísticos para los descubrimientos científicos.

En el terreno de la toma de decisiones de carácter empresarial, utilizó los términos de “racionalidad limitada” (bouded rationality) y “decisiones satisfactorias” (satisficing). Consideró que la elección entre alternativas distintas, o decisión, era en la mayoría de los casos complicada y en la que intervenían multitud de factores. Los directivos en las decisiones corrientes no buscan el óptimo ni actúan siempre con la racionalidad que sugieren los modelos matemáticos. En muchos casos, y aunque se busca lo mejor, los resultados simplemente satisfactorios son suficientes.

Si las nuevas concepciones de Simon sobre la toma de decisiones o los procesos de decisión (decisison making and decision making process, en inglés), se hubieran mantenido en el entorno empresarial su impacto no habría sido tan importante como el que han terminado siendo. Al fin y al cabo sus ideas de que en muchas ocasiones, falta información, es difícil conocer todas las consecuencias de las decisiones, no se dispone de excesivo tiempo y la capacidad mental de las personas que deciden es limitada, son cuestiones bastante conocidas en el mundo empresarial.

Simon y sus relaciones con la teoría económica

Pero la verdad es que Simon después de desarrollar sus ideas en el terreno del management y la organización de empresas, entró en el mundo de la economía y en el de la psicología y más precisamente en el del behaviorismo o conductismo, un tema muy popular cuando era joven. Se relacionó con esas disciplinas en primer lugar a través de la influencia de un hermano de su madre el cual había estudiado con el gran economista institucionalista, John R. Commons (1862-1945), en la Universidad de Wisconsin-Madison.

Más adelante entró en contacto en la Universidad de Chicago, cuando él estaba en el  Illinois Institute of Technology de esa ciudad, con la Cowles Commission, gran institución impulsora de la Econometría que se había trasladado en 1939 a dicha Universidad desde Colorado Springs, ciudad en la que había sido creada en 1932. Más adelante, por cierto, en 1955, se trasladó definitivamente a  la Universidad de Yale en donde todavía sigue transformada en la Cowles Foundation for Research in Economics

Trató a personajes como Henry Schultz (1893-1938), Trygve Haavelmo (1911-1999), Jacob Marschak (1898-1977) y Tjalling Koopmans (1910-1985), todo ellos fundadores y grandes personajes de la Econometría, o dicho de una forma más general, del estudio de las relaciones entre la teoría económica, las matemáticas y la estadística. Todos, por cierto, personajes muy familiares para mi, al igual que la Cowles Commission, por lo que explicaré más adelante.

La econometría y la teoría económica están íntimamente relacionadas, ya que por un lado las ideas teóricas tienen que demostrarse mediante relaciones matemáticas y por otro, para construir un modelo econométrico es imprescindible conocer la teoría que relaciona las distintas variables económicas.

Para dicha teoría y dichos modelos, eran necesarias, especialmente a nivel microeconómico, hipótesis sobre el comportamiento de los consumidores, inversores y ahorradores, es decir, de los agentes económicos. Y para ello los economistas hicieron simplificaciones o planteamientos promedio sobre el comportamiento de dichos agentes.

La función de utilidad

La llamada “utilidad” ha sido desde el principio de la economía como ciencia social un tema fundamental. Las personas, dijo ya Adam Smith (1723-1790), buscan su interés personal, y obtienen utilidad del trabajo que ejecutan, de lo que consumen y de lo que invierten y ahorran. Entre los economistas clásicos, algunos como como Jeremy Bentham (1748-1832) y John Stuart Mill (1806-1876) indicaron que la sociedad debe maximizar la utilidad de los individuos y conseguir la máxima felicidad para el máximo número de personas. Como veremos más adelante con cierto detalle, de estas asunciones sobre el comportamiento de los agentes económicos se deducen las curvas básicas de la microeconomía entre ellas la función de utilidad y la curva de demanda.

La teoría del consumidor, por otra parte, es una de las teorías básicas de la economía, sobre la que han escrito un número muy importante de economistas de todas las épocas.

Las críticas y perfeccionamientos a tal teoría se hicieron muy numerosas con el poskeyesianismo escuela de pensamiento económico surgida en los años 70 del siglo pasado, siendo una de las primeras de dichas críticas las nuevas interpretaciones aportadas por Simon. Sus interpretaciones relacionadas con la racionalidad limitada fueron aplicadas por él mismo a las elecciones de todo tipo en temas de consumo y otros. Es decir, que de las decisiones empresariales pasó a las elecciones del consumidor a las que aplicó la misma visión de racionalidad limitada, indicando que tampoco son óptimas ni regidas siempre por la idea de compensación. Aplicó, en resumen, sus ideas sobre la racionalidad limitada al acto de elegir, es decir, al comportamiento de los agentes económicos.

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(1) “El Social Systems Sciences (“S-cubed”) operó como un departamento de la Wharton School en la Universidad de Pennsylvania desde principios de los años setenta hasta mediados de los años ochenta, organizado en torno al trabajo y escritos de Russell L. Ackoff y alrededor del pensamiento sistémico. Ackoff había sido un académico prominente en la Universidad Case Western antes de llegar a Wharton en 1964. Fue coautor del libro de texto Introducción a la Investigación Operativa (1957), un trabajo pionero que ayudó a definir esta materia. Sin embargo, se volvió cada vez más crítico con la dependencia de la Investigación Operativa de técnicas matemáticas específicas, y abogó por un enfoque multidisciplinario y funcional para la resolución de problemas (o preferiblemente para “disolver” problemas). En Wharton, Ackoff trabajó con sus antiguos profesores de filosofía Tom Cowan e Investigación Operativa y C. West Churchman, director de sus tesis doctoral y coautor de diversas publicaciones. Junto con otros destacados investigadores como Fred Emery y Eric Trist desarrollaron métodos multidisciplinarios.

A medida que el Social Systems Sciences se desarrolló, también se asoció con varios otras concepciones, incluidas las sintéticas (a diferencia de los analíticas), el razonamiento, amplia participación de todas las partes interesadas (stakeholders) en la toma de decisiones y el diseño idealizado. El programa llegó a su fin como departamento académico a fines de la década de 1980 después de que Ackoff, Cowan y Jamshid Gharajedaghi dejaran la Universidad para formar una empresa de consultoría”.


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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
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