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RESPONSABILIDADES (I)

Se han pasado varias semanas sin nuevos posts de la serie dedicada al bien común que venimos colgando en este blog. Se ha debido en parte a las celebraciones de la conferencia para la que se han escrito y de la reunión semestral de predicción económica del Proyecto LINK de la Naciones Unidas, mantenida en Ginebra del 3 al 5 del presente mes de octubre. En los dos eventos ha participado el autor y sobre ambos se ha informado en los dos últimos posts. Volvemos ahora a la serie en cuestión deteniéndonos en dos temas que habían quedado anunciados:  las responsabilidades en cuanto a la crisis y en cuanto al deterioro del bien común y las posibilidades de ocurrencia a corto plazo de crisis similares.

Resultado de imagen de responsabilidades ante las crisis imágenesLas crisis y su ocurrencia

En los posts anteriores, y en relación con el deterioro del bien común que se ha producido en países como el nuestro en los últimos años, se ha aludido a dos cuestiones importantes. Una, la de las posibles responsabilidades de dicho deterioro, y otra, la de si es probable una nueva crisis de esa importancia y un nuevo deterioro del bien común en las sociedades avanzadas.

Sobre lo primero se han aportado comentarios diversos relacionados con la inevitabilidad de las crisis y con la posibilidad de considerar estas crisis sistémicas como “desastres naturales”. No es que queramos insistir en este último aspecto y eximir de responsabilidad a gobiernos, órganos de regulación, bancos o instituciones diversas, y a gobernantes, funcionarios, hombres de empresa o políticos en general, pero la verdad es que crisis como la pasada se producen por dejar funcionar sin control los mecanismos más queridos de nuestros sistemas económicos y sociales. Lo que empieza siendo bueno y deseable termina siendo malo y contraproducente, y los hombres e instituciones, como se ha dicho en posts anteriores, terminan actuando incorrectamente en esas circunstancias.

En el Caso de los Estados Unidos y de España, dos países en los que la crisis comenzó por el mercado inmobiliario, el boom de la construcción fue al principio una bendición del cielo. Se encontró en la actividad de edificar viviendas un lugar para crecer y los gobiernos de los dos países facilitaron la actividad y la entrada de capital en este sector.

Lo bueno y lo malo de los booms inmobiliarios y crediticios

En los Estados Unidos la crisis de los .com de los primeros años del 2000 hizo que mucho capital saliera de las bolsas y buscara su acomodo en el mercado inmbobiliario. En España, por otro lado,  en los últimos años 90 había demanda de viviendas, sobre todo entre la población de jóvenes profesionales, y, por supuesto, necesidad de impulsar el crecimiento situado en 1996 en el 2,7 % anual. El gobierno de Aznar vio la posibilidad de potenciar la inversión en vivienda y con eso aumentar el PIB anual y crear empleo. La Ley del Suelo de 1998  supuso una liberación del suelo y de los colegios profesionales y fue muy favorable para todos en principio.

El efecto sobre el desempleo fue impresionante y al final de las dos legislaturas de este gobernante, el desempleo se situó en el 10,53 % habiendo partido de un 22,90 % alcanzado a finales de 1995. La época de Aznar que fue muy brillante en términos económicos vio la economía española crecer a un espectacular 5,3 %  en el año 2000.

La dinámica económica creada por el boom inmobiliario continuó en los primeros años del gobierno de Zapatero, alcanzándose en los años 2005, 2006 y 2007 los excepcionales ratios de 8,71 %, 8,26 % y 8, 57 %.

Las leyes de mercado

Si las leyes de mercado hubieran funcionado entonces nada habría ocurrido en ninguno de los dos países mencionados en esa época. Para ello el condicionante básico debería haber sido que la oferta y la demanda hubieran estado relacionadas con el uso de las viviendas para morar en ellas. En vez de eso, y como bien sabemos, el capital afluyó a este sector, implacable y vorazmente, diríamos, no para construir y vender viviendas para habitarlas, sino para especular con ellas. Es decir, comprar un piso a un precio X para dejarlo vacío y venderlo cuando subiera a 2X.

En este sencillo juego entró todo el mundo, los hombres de empresa que surgieron a miles en el sector, los especuladores, por supuesto, los bancos que vieron la oportunidad de ganar mucho dinero con las hipotecas, y los particulares que se deslumbraron con la posibilidad de comprar segundas viviendas, adquirir casas mejores que las que poseían con la seguridad de que su precio subiría y otras exuberancias más hechas posibles por un mercado enloquecido. Los bancos, como ocurre siempre, fueron pirómanos y alentaron el fuego con la concesión fácil de hipotecas, con el aumento de sus cuantías y con la práctica eliminación de los análisis de riesgos.

El boom inmobiliario fue entonces seguido o acompañado por el boom crediticio.

Los bancos

En algún momento además, los bancos, sobre todo en los Estados Unidos, acudieron a lo que podrían tacharse de delitos fehacientes con el tema de las hipotecas subprime y su titulación y paquetización. Si los bancos ponen a vender hipotecas a comerciales agresivos con altas comisiones y al mismo tiempo disminuyen el análisis de riesgos hasta casi hacerlo desaparecer, el resultado no puede ser otro que el que se destapó en dicho país a mediados de 2007. Los bancos descubrieron entonces que muchas hipotecas eran incobrables y que los bajos coeficientes de caja y carencia de otros mecanismos prudenciales dominantes, producto también de la liberalización, no les permitían salir adelante con dinero propio. Todo lo que tenían en sus balances eran deudas de dudosa recuperación.

Si además, ciertos bancos, deciden engañar a todo el mundo como ocurrió entonces creando fondos de inversión envueltos en papel de celofán, con cintas de colores y espectaculares nombres, y los distribuyeron en todo el mundo, el resultado es el que todos tenemos en mente: una crisis sistémica casi de la misma envergadura que la de la Gran Depresión del 29.

Ningún regulador tomó cartas en el asunto, ningún modelo econométrico predijo el desastre y ningún analista advirtió de lo que ocurriría. Si hubo alguno dentro de estos últimos como Nouriel Roubini (nacido en 1959) y otros a nivel internacional y Niño-Becerra (nacido en 1951) en nuestro propio país, nadie les prestó excesiva atención.

A los resultados nos hemos referido ampliamente en los posts anteriores poniendo énfasis en el deterioro del bien común, el cual ha sido muy elevado en España.

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
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