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Robert Boyle (II)

Hay algo que destaca en la vida y en la obra de los primeros científicos modernos, entre los que ha que incluir a Boyle. Se trata de su fuerte adscripción a la experimentación y su interés por la construcción de aparatos y máquinas. Boyle fue especialmente adicto a la experimentación y a la construcción artesanal de instrumentos y artefactos. En la combinación de esas dos dimensiones de la actividad humana hemos situado siempre en este blog el origen de la racionalidad científico-tecnológica de la que venimos.

(Continuacón del post anterior)

Robert Boyle era un mecanicista, es decir, que había estudiado a Descartes y creía en su concepción mecánica del mundo, asunto éste, por cierto, sobre el que también recibió la influencia de Newton. No hay muchas referencias sobre las relaciones de estos dos científicos pero se sabe que Newton estudió su obra, se hicieron amigos y mantuvieron una importante correspondencia. Coincidieron en la Royal Society de la que Boyle fue antecesor y fundador y de la que estuvo a punto de ser presidente, cargo que rechazó.

Boyle es conocido por la ley que lleva su nombre que explica la relación inversa entre la presión y el volumen de un gas pero es inventor de aparatos diversos y responsable de muchos nuevos conocimientos de su época. Realizó importantes mejoras en la bomba de aire que otros científicos habían construido e investigó en profundidad sobre el aire y sus características. A su bomba de vacío se le llamó “Pneumatical Engine”, y con ella realzó multitud de experimentos.

Fue partidario de las explicaciones corpusculares en relación con la materia, procedentes originalmente de Gassendi (1592 – 1655) y de Descartes (1596 – 1650), aunque en relación con sus influencias alguna vez mencionó que no había tenido más influencias que las de sus propias investigaciones y experimentos. Tal era su celo experimentador. En sus últimas explicaciones indicó que los cuerpos estaban formados de partículas de diversos tipos y tamaños.

Estudió la química de la combustión y la respiración y se introdujo en otros fenómenos fisiológicos aunque rechazó siempre la disección anatómica.

Fue un gran conocedor de la Alquinia la cual tenía todavía en su época, multitud de partidarios. Boyle estuvo muy relacionado con las cuatro materias básicas propuestas por Aristóteles y mantenidas como fundamento del mundo a lo largo de la Edad Media. Conoció también los trabajos de Paracelso (1493 – 1541) y se adentró en sus famosos tres principios de los que componían todos los cuerpos: Sal, Azufre y Mercurio. Fue seguidor de los paracelsianos Alexander von Suchten (1520 – 1575) y Jan Baptiste van Helmont (1579 – 1644). Y a pesar de que es considerado como un químico moderno y como el responsable de pasar de la alquimia a la química, estuvo involucrado en la “Crisopoeia”, es decir, en la transmutación del oro. Asimismo conoció a fondo los trabajos de los espargiritas que se dedicaban a obtener productos medicinales de determinadas plantas.

(Continúa en el post siguiente)

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
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