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¿Son válidas la prescripciones de la Escuela Austríaca de Economía para la salida de la crisis actual?

Se dedica este post a hacer un breve resumen de las aportaciones de la Escuela Austríaca de Economía y de lo que dicen sus representantes o partidarios actuales. Se emiten también algunas opiniones en cuanto a la utilidad de sus propuestas para la salida de la crisis económica que nos atenaza en estos días. Sobre todo ello somos algo críticos al final, pero quiero indicar que somos críticos pero respetuosos y que, por supuesto, sólo emitimos opiniones personales, las cuales, debo decir también, no son las de un especialista. Todo ha sido un esfuerzo, que creo debemos hacer todos, por entender lo que está pasando en nuestro mundo con particular referencia a las ideas y teorías explicativas de nuestros problemas y de sus soluciones aportadas por personas y grupos diversos. No me cabe la menor duda sobre el esfuerzo intelectual de los economistas austríacos y sobre su voluntad de encontrar soluciones. Tampoco las tengo sobre mi honestidad al tratar de comprender lo que dichos economistas proponen.

(Continuación del post anterior)

El resumen que se puede hacer de la actual oleada de interés por la Economía Austríaca es que en parte es lógica por la repetición de circunstancias de crisis muy parecidas a las que se vivieron en los años 30 del siglo pasado cuando por primera vez se difundieron masivamente sus propuestas. Sus análisis de los ciclos económicos con sus burbujas financieras periódicas son válidos hoy aunque habría que cruzarlos con muchas otras ideas surgidas en la Teoría Económica desde aquellos años. Sorprenden sin embargo sus planteamientos absolutamente básicos y su radicalidad al no tener en cuenta lo ocurrido en el mundo en términos económicos desde entonces.

Son muy atractivas sus ideas sobre la acción humana como fundamento de nuestro mundo, su interpretación de la economía y de los mercados como procesos y la importancia que dan a la subjetividad de los individuos, así como su interpretación de nuestro orden socio-económico como orden espontáneo. Todo ello es, probablemente cierto, y desde luego válido, pero uno no sabe por qué esas interpretaciones no son consideradas por los austríacos como unas más de las que existen en nuestro mundo y no están dispuestos a mezclarlas con otras igualmente válidas.

A pesar de su ataque al racionalismo social choca mucho su racionalismo conceptual y su postura de no dar por válido nada de lo que hayan dicho otros economistas y de lo que se haya construido en el mundo en términos de instituciones, organización económica y leyes socio-económicas. Sobre todo eso la única actitud que yo he visto en los economistas austríacos actuales es la de burla e ironía.

Por cierto que si nuestro orden económico fue espontáneo en sus comienzos y según ellos sigue siéndolo, no se entiende por qué los bancos como existen hoy, las instituciones reguladoras, los estados y sus presupuestos y la economía financiera, entre otras cosas, no son también fenómenos espontáneos que hay que aceptar, aunque haya que reformarlos, algunos de ellos profundamente.

Muchas de sus posturas parecen obcecaciones, como el hecho de no aceptar la medición de los fenómenos económicos, no admitir la intervención estatal en la economía y no creer, a estas alturas, en los bancos y en las instituciones reguladoras.

En cuanto a la libertad del mercado y el equilibrio a largo plazo como principio básico para organizarnos, parece también una exageración “racionalista” y fundamentalista.

Uno no entiende tampoco por qué son enemigos de todo y de todos, como lo fueron sus padres fundadores, y por qué los actuales miembros de este grupo son tan autosuficientes, tan irónicos, como decimos, tan partidarios de clamar en el desierto y tan dados a considerarse pocos y únicos. Son como decíamos al principio de estos posts una especie de iniciados a los que les gusta estar solos y bridar continuamente al sol. Les encanta adscribirse a lo dicho por un personaje español cuyo nombre no recuerdo (aunque puede que fuera Garrigues padre) en el sentido de que “los liberales españoles cabemos todos en un taxi”.

Salvo algunos principios generales no creo que los economistas de esta escuela tengan mucho que aportar a la solución de nuestros problemas económicos actuales. A pesar de sus análisis realmente notables de las crisis financieras, y de la necesidad de reformar el sistema bancario y el financiero en general que preconizan, no me parece que sus propuestas, que son realmente radicales, puedan aplicarse a las economías complejas y globales que hemos creado.

Incluso en relación con las medidas drásticas que está tomando actualmente el gobierno español para salir de la crisis, muchas de las cuales tachadas de ataques a la enseñanza y a la sanidad públicas, a la sociedad del bienestar, a los sindicatos y a otras instituciones, no creo que sean sus ideas las que estén motivando a nuestros dirigentes. La austeridad que necesitamos hoy no tiene por qué ser permanente y no hay nada en contra de los “estados del bienestar” si dichos estados pueden ser mantenidos por la actividad económica de los países y por el orden y la disciplina de las contabilidades públicas.

Es verdad que la experiencia acumulada, sobre todo en Europa, parece indicar que los gobiernos socialistas no son los mejores para alcanzar esos objetivos de crear riqueza y conseguir buena organización presupuestaria, pero ni siquiera eso debe aceptarse como dogma. Otra cosa sería dejar que la ideología a priori marcara nuestros criterios y nuestras posiciones.

Yo creo, finalmente, que ser liberales es algo muy distinto de lo que ellos creen. Aunque no digan mucho más de lo que dijeron los economistas clásicos, incluidos como tales a los marginalistas, el mismo Adam Smith parece tener una visión más comprensiva, más ética y más verdaderamente liberal de la economía y de la sociedad que ellos.

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.

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