Adolfo Castilla escribe sobre el hombre posthumano

Sueños de Tierra y Cielo

Hemos tomado el título de este post de la última publicación de Freeman Dyson (nacido en 1923) en español. Autor que a su vez lo tomó prestado del libro de 1895 del escritor y científico ruso, Konstantin Tsiolkovski (1857-1935). Nos han parecido adecuados, tanto el libro como el título, para finalizar los cuatro posts dedicados a las tecnologías exponenciales. La aceleración de la tecnología, la generación de fenómenos exponenciales y la posible aparición del hombre posthumano como evolución de nuestra especie, no tienen mucho sentido sólo en relación con las tecnologías de la información y comunicación, la digitalización e incluso la inteligencia artificial. Sobre todo si hablamos únicamente de la vida en nuestro planeta. Resulta, sin embargo, lógico y probable, si pensamos en la colonización del espacio cósmico exterior. A ello se refiere el último capítulo del libro del BBVA cuyo autor es Martin Rees .

Resultado de imagen de biotecnología imágenes

Vivir adaptados al paso de las tecnologías exponenciales. El hombre posthumano.

Cada vez es más cierto que las nuevas tecnologías nos superan. Muchos de mis coetáneos hace tiempo que se descolgaron del avance tecnológico, y a mí mismo, que me considero un “senior digital” y compito con mis hijos y alumnos de la universidad, me cuesta un gran esfuerzo mantenerme al día.

Lo último con lo que luchamos es con el “blockchain”, y no porque no hubiéramos oído hablar de él y del bitcoin que, en gran manera, lo ha desarrollado, o porque nos resulte difícil entender de qué se trata, sino porque no habíamos caído en la cuenta de su importancia. El libro de Don  y Alex Tapscott, La revolución blockchain (Deusto 2017), nos deslumbra como anteriores trabajos del primero de estos dos autores, entre ellos, Wikinomics.

El hombre posthumano, en cualquier caso, es una posibilidad que cada vez aparece más clara, pero no sólo para hacer frente a las tecnologías digitales, a la inteligencia artificial de las máquinas, al Big Data, al blockchain, o a las tecnologías exponenciales de las que venimos hablamos. Más bien porque a la actual revolución digital seguirá una biológica de gran envergadura, y a ella, el salto definitivo al espacio de nuestra especie, mejorada desde luego, que vendrá después.

Para explorar las estrellas el hombre necesita mejorar su fisiología y su inteligencia, y quizás prepararse para las aterradoras distancias del cosmos, a las cuales sólo se adaptarán de verdad seres casi inmortales.

Las dos próximas grandes revoluciones: la biológica y la espacial

A estos dos temas se refieren otros tantos trabajos recientes, uno, el último libro traducido al español de Freeman Dyson, Sueños de Tierra y Cielo (DEBATE, 2017), y el otro, el destacado artículo de Martin Rees en el libro del BBVA que venimos comentando, “Viajes intelestelares y posthumanos”, último capítulo del libro.

Con gran tranquilidad nos habla Rees de “un porvenir posthumano en el que nuestros descendientes podrán algún día trascender las limitaciones humanas aquí en la Tierra, pero, más probablemente, fuera de ella”.

Dice cosas como que, “la criaturas que presencien la extinción del Sol dentro de 6.000 millones de años no serán humanas, serán tan diferentes de nosotros como nosotros lo somos de los insectos”. Y recuerda al respecto lo que Darwin señaló en el sentido de que “ninguna especie viva se parecerá a sí misma en un futuro distante”.

Se adentra en los viajes en el espacio y en la vida en las estrellas, la cual no será posible nada más que para seres inmortales, o casi, en términos de lo que la vida es para los hombres actuales.

Cree que tres tecnologías básicas serán necesarias para todo ello: la biotecnología avanzada, la inteligencia artificial fuerte y la tecnología relacionada con la exploración del espacio.

No tiene problemas en creer que las máquinas irán superando poco a poco las habilidades distintivamente humanas y piensa con gran tranquilidad que el fenómeno de la “eclosión de la inteligencia” de las máquinas, no se producirá en este siglo como creen Kurzweil y otros, sino que más bien tendrá lugar en los próximos siglos.

Se adentra en asuntos más cosmológicos, como la búsqueda de inteligencia en el espacio y la expansión del mundo y separación de las galaxias, entrando así en las escalas cósmicas, en las que mil años son apenas nada.

Es un artículo en definitiva muy notable, en el que muchas cosas inabarcables en principio para una mente humana normal comienzan a resultar más fáciles de lo que parecían.

Mis propias reflexiones sobre el tema

En cuanto al libro de Dyson, nos está resultando tan delicioso como los dos anteriores que hemos leído de este autor, El infinito en todas direcciones (1991) y El científico rebelde (2008). Es un libro de temas muy diversos, la mayoría publicados anteriormente en distintos medios. Todos están relacionados con la ciencia, la tecnología y el futuro. Dyson es, sin duda, un buen prospectivista porque habla de desarrollos posibles de nuestro mundo sin adscribirse a ellos como si fueran dogmas. Eso le permite, por otra parte, adentrarse en lo más impensable de las cosas, como recomienda una de las tres bien conocidas leyes de Arthur C. Clarke: “La única manera de descubrir los límites de lo posible es aventurarse en el terreno de lo imposible”.

De hecho sus escritos sobre biología han sido muy atacados, debido a sus consideraciones extrañas y difíciles de creer hoy. De forma similar a la divulgación de los smartphones actuales, a los juegos de ordenador, a la realidad virtual o a las redes sociales de todo tipo, a los que tienen acceso los niños de cualquier edad, piensa Dyson que vendrá pronto una época , en la que los niños jugarán con animales transformados genéticamente.

La biología sintética basada en patrones emergentes de organización se desarrollará de forma importante en los próximos años en opinión de Dyson. Cree, además, que el interludio darwiniano en el que la evolución biológica ha estado dirigida por la evolución natural, está tocando a su fin. Vamos según él, a una época postdarwiniana, en la que se pasará a una transferencia horizontal de genes en la que se podrá fácilmente trasvasar genes entre microbios, animales y plantas, difuminándose así las fronteras entre las especies.

En lo que llama “tecnología verde” sus conjeturas son incluso más sorprendentes. Sugiere de forma muy convincente que podríamos vivir en un planeta sostenible utilizando la luz del sol y que podremos crear plantas de todo tipo, productoras incluso de hojas minerales captadoras de forma muy eficiente de la energía solar. Utiliza mucho en sus argumentaciones científicas la obra del gran microbiólogo estadounidense, Carl Woese (1928 –  2012).

No podemos extendernos más en estos temas ya que este post está llegando a tener una extensión más de dos veces superior a lo que suele ser habitual. Sí me gustaría indicar que todo lo que hemos analizado en las publicaciones comentadas de varios autores, coincide con un trabajo hecho por  el que esto escribe en la primera parte de 1999. Deseo mostrar al respecto el gráfico de los escenarios establecidos entonces para el siglo XXI en su conjunto. Se indican en él las tres revoluciones encadenadas que estamos viviendo y seguramente viviremos, así como las economías a que darán lugar: economía electrónica (eEconomy), economía genética (gEconomy) y economía espacial (sEconomy)

(Adolfo Castilla, Las Tecnologías del Siglo XXI. Tendencias y Escenarios,  Actas del VI Congreso de Ingenieros del ICAI, Madrid, 1999)

El terror de la existencia humana

Todas estas cuestiones tienen un problema, no obstante, para los que entramos en estos terrenos con el afán de aumentar nuestros conocimientos y nuestra consciencia. Se trata del terror que subyace en la existencia del hombre en este mundo y que, como se sabe, es objeto, en parte, de la nueva “filosofía del terror” de Eugene Thacker y otros jóvenes filósofos.

Precisamente muchos de nosotros de jóvenes, hemos pasado noches de insomnio aterrados por el origen tenebroso de la vida y del hombre y por las incógnitas supremas de “qué somos” y “de dónde venimos”. Ahora, de mayores, parece que nos queda vivir asustados, por el futuro de nuestra especie y por el “adónde vamos”, nosotros, nuestros hijos y nietos y nuestros descendientes de los próximos dos mil o tres mil años. ¡El hombre humano actual, con sus emociones, sentimientos, reflexiones, amores, cariños, cultura, arte, etc…, es sólo un breve “fuego fatuo” en la inmensidad del espacio-tiempo!.

Tags:
0 shares
Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.

Deja tu comentario