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Sufrimiento, exclusión y “redes de protección”

Comenzamos  a abandonar en este post la revisión económica de la crisis, a lo que hemos dedicado quizás demasiada atención. Entraremos en los próximos posts con más intensidad en el tema del Bien Común. Pero en éste, queremos recordar el sufrimiento de la sociedad española durante los años de la crisis, por un lado, y, por otro, entramos en tres temas de interés para lo que deseamos proponer en este trabajo: 1) la necesidad de que los gobiernos utilicen proyectos movilizadores y aglutinadores de los ciudadanos; 2) la conveniencia de aceptar los populismos e incorporarlos a la democracia liberal; y 3) que los gobiernos y las instituciones privadas se preocupen de crear “redes de protección” para todos.

(Hemos utilizado arriba la portada del último informe de FOESSA con la idea de dar difusión a la destacada labor de esta Fundación, constituida en 1965 con el impulso de Cáritas. El que esto escribe es admirador profundo de la labor de estas organizaciones desde hace mucho tiempo)

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(Imagen tomada de The free me proiect. http://thefreemeproject.com/el-sufrimiento-paga-al-final/)

Una década perdida

Para no alargar la revisión de lo que ha sido la economía de los años de la Gran Recesión en España, consideramos que 2014 fue el año en que comenzaron a cambiar las cosas y en el que de hecho volvimos a tener un crecimiento positivo del PIB (1,4 %). No analizamos con detalle lo ocurrido en ese año ni en los tres siguientes 2015, 2016 y 2017 en el que estamos, porque no los consideramos años de crisis.

Es verdad que es justo ahora (junio-julio-agosto de 2017) cuando en términos de volumen económico volvemos a estar a la altura de 2008. Tuvimos un volumen en ese año de 1.116.207 M € y en el 2016 fue de 1.113.851 M €.

El PIB per cápita también se  ha recuperado dentro de la misma tónica, en 2008 fue de 24.300 € y en 2016 de 24.000 €.

Dado que en 2017 hasta ahora seguimos creciendo al mismo ritmo de los dos años anteriores (3,2 %), es lógico pensar que ya estamos al mismo volumen del mencionado año 2008, aunque las cifras definitivas todavía no están disponibles. Con datos provisionales tal situación ha sido ya anunciada por varias instituciones de nuestro país.

Eso no significa ni mucho menos que hayamos recuperado nuestro lugar en el mundo por volumen de PIB y de PIB per cápita, los cuales se han deteriorado en comparación con otros países. El casi 10 % del PIB perdido en los últimos diez años, mucho mayor que el perdido por otros países europeos, por ejemplo, nos ha alejado de ellos. Algunos se refieren a esta situación como una “década perdida”.

En los últimos tres años estamos creciendo por encima de la media europea por lo que siendo optimistas recuperaremos posiciones en cuanto a nuestra convergencia con Europa.

El sufrimiento de la gente y la necesidad de estar con ella

En cualquier caso, y siguiendo con las consecuencias de la crisis, el Gobierno y su Presidente lo han pasado mal durante los últimos años, sin duda, pero sus problemas han tenido poco que ver con los de la gente, mucha de la cual ha sufrido enormemente en los años pasados y sigue sufriendo en la actualidad. Un sufrimiento real y profundo, el sufrimiento de no tener medios para vivir, no tener trabajo, no tener futuro y no tener seguridad, ayuda y protección de ningún tipo.

El Presidente en concreto, ha reconocido a veces en público el gran esfuerzo realizado por la sociedad española y ha intentado mostrar un cierto agradecimiento, pero no ha sido muy efectivo en cuanto a que la gente lo entendiera y se sintiera aliviada y reconfortada. En mi opinión, y como ya he dicho anteriormente, los gobiernos y los políticos en general deberían prestar más atención a una verdadera “comunicación” con la sociedad.

En el mundo empresarial se sabe muy bien hoy que una estrategia de funcionamiento con objetivos destacados a conseguir, exigentes de esfuerzos por parte de todos, funciona mucho mejor si se implica al personal, si se les explica con detalle lo que se pretende y si se les presenta de forma concreta lo que se espera de ellos. Se busca en definitiva, la comprensión y el apoyo de todos los componentes de la empresa.

Parece mentira que no funcionen en nuestro tiempo, o no se les ocurra a los políticos actuales, programas como el “New Deal”, lanzado inicialmente por el gobierno de Franklin D. Roosevelt (1882-1945) al comienzo de su primer mandato presidencial en 1933, para paliar las consecuencias particularmente negativas de la Gran Depresión. Estaba orientado a “sostener a las capas más pobres de la población, reformar los mercados financieros y dinamizar una economía estadounidense herida desde el crac de 1929 por el desempleo y las quiebras en cadena”.

El papel del capital internacional

Pero el New Deal fue además un gran programa de movilización de la sociedad americana y de participación en sus actividades de toda la población, aunque los resultados no fueran brillantes. Tuvo de hecho dos etapas, siempre bajo la presidencia de Franklin D, Roosevelt. La segunda de 1935 a 1938 estuvo más orientada a un verdadero reparto de poder y a la adopción de medidas sociales desconocidas en el país hasta entonces.

El poco interés de los gobernantes actuales por estos programas de integración de todos los miembros de una sociedad puede darnos pistas sobre la existencia en nuestro mundo de poderes superiores a los gobiernos y a los políticos, no exactamente democráticos.

No es necesario pensar en poderes extraños y ocultos, simplemente en que el capital internacional no acude a un país cuando sus desequilibrios son excesivos porque tiene fuertes programas sociales, cuando sus gobiernos son izquierdistas radicales o cuando siendo del matiz político que sea, se alían demasiado con las clases bajas de una sociedad. Y también, probablemente, porque las instituciones internacionales que se ocupan del dinero, de las inversiones y del crecimiento económico en el mundo, están controladas por el capital internacional.

Y esto puede no tener carácter de conjura contra nadie, puede ser simplemente un mecanismo autónomo y espontáneo de protección del propio capital y por extensión del propio capitalismo.

Los populismos actuales

Y da la impresión de que contra esta situación exactamente es contra la que están surgiendo los populismos actuales. Como bien dicen los inspiradores intelectuales de estos movimientos tales como Ernesto Laclau (1935-2014) y su compañera Chantal Mouffe (nacida en 1943), Alain Badiou (nacido en 1937)  y otros más sofisticados como Slavoj Žižek (nacido en  1949), no estamos ya en un mundo de derechas o izquierdas, ni por supuesto en trasnochadas dictaduras del proletariado o luchas de clases, sino en unas sociedades en las que no puede haber continuamente grandes masas de población excluidas de todo. Necesitamos la participación de todos en el juego institucional.

Y para eso necesitamos mecanismos e instituciones nuevas y lo que podríamos llamar “redes de participación y de protección para todos”.

Las ideas de Laclau, a las que habremos de volver, incluidas en lo que hoy se denomina postmarxismo, son muy interesantes y hunden sus raíces filosóficas en  Derrida, Foucault, y Wittgenstein, entre otros. En cuanto a su conexión con el marxismo, debido probablemente a haber estudiado en Inglaterra con Eric Hobsbawm, es muy dependiente de marxistas críticos y revisionistas como Rosa LuxemburgoEduard Bernstein o  Antonio Gramsci, aunque también de otros más estrictos como Gueorgui Plejánov,  Georges Sorel,  León Trotsky o el mismo Vladímir Lenin.

Prestaremos atención a estos autores en lo que seguirá, aunque a decir verdad, no resulta muy atractivo, ni creo útil para resolver los problemas de nuestro mundo, acudir a unos pensadores tan sesgados en sus ideas, las cuales, no hay duda, constituyen un ejemplo de “pensamiento único”.

Red de seguridad de los hogares

Para no ir muy lejos en busca de dichas “redes”, sobre todo de las de “protección”, resulta muy importante referirnos ahora al último informe de FOESSA de 22 de junio pasado, “Análisis y Perspectivas 2017”. Se confirma en él que un 70 % de los hogares españoles no están notando todavía los efectos de la recuperación económica.

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(Imagen tomada de Diálogos Invisibles. https://dialogosinvisibles.wordpress.com/la-sociedad-tiene-que-despertar/)

Y lo peor es que sobre el deterioro del bien común siempre hablamos en términos estadísticos, en promedios y en porcentajes. Raramente vemos las caras de los que sufren y entramos en sus problemas con nombres y apellidos. Sólo instituciones como Cáritas y otras muchas, que afortunadamente existen en nuestro país, se acercan de verdad a las familias que lo pasan mal.

En el informe mencionado entran en un tema de gran interés para el bien común en general y su protección. Se trata del concepto de “red de seguridad” de los hogares, que tiene que ver con la capacidad de afrontar situaciones adversas. Volveremos en posts siguientes sobre estas cuestiones pero hoy nos interesa destacar que para llevar a cabo el análisis de los resultados de la encuesta realizada en todo el país, utilizan tres indicadores de resistencia a las consecuencias de las recesiones. Se trata de, el Indicador de Recursos Propios del Hogar (IRPH), el Indicador de Apoyo de la Familia y Amigos (IAFA) y el Indicador de Apoyos Formales e Institucionales (IAFIE).

Un resumen de lo encontrado por FOESSA en su más reciente estudio

En el resumen utilizado como presentación del informe se indican los siguientes resultados:

“Los resultados de la encuesta constatan que la mitad de las familias (50.1%) tienen hoy en día una “red de seguridad” que es peor que en la situación pre-crisis, mientras que para el 42,3% se mantendría igual y habría mejorado para el 7,6%.

Los aspectos que han empeorado en más de la mitad de los hogares son las capacidades de ahorrar (el 60% de los hogares viven sin tener nada ahorrado o con un nivel de ahorro tan pequeño que no le permitiría resistir sin tener ingresos más de uno o dos meses), de resistir una nueva crisis económica, de hacer frente a una reforma necesaria de su vivienda o de llegar a fin de mes.

En cuatro de cada diez hogares han empeorado también su capacidad para hacer frente a necesidades de salud no cubiertas por el sistema nacional de salud, para pagar refuerzos educativos a los hijos, para afrontar el pago de recibos energéticos y para garantizar una estabilidad en el empleo de los miembros del hogar y unos ingresos estable”.

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
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