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Tecnología, cerebro, mente y pensamiento

En el presente post quiero recordar una vez más que este blog trata de hacer aportaciones sobre la tecnología y sus relaciones con la consciencia, el cerebro, mente y pensamiento, o por decirlo de una manera más general, sobre los lazos entre la tecnología y las ciencias cognitivas. Un terreno en el que se trabaja mucho en la actualidad y en el que surgirán grandes avances en los próximos años debido a dos fenómenos actuales: uno, la concentración de los hombres, intelectual, científica, tecnológica, e incluso, artísticamente, en lo que venimos llamando la Convergencia NBIC (Nano-Bio-Info-Cogno), y otro, la dedicación de muchas personas, científicos sobre todo, a hurgar (investigar) en la última frontera que supone el interior profundo de la materia, orgánica e inorgánica.

Tecnología, cerebro, mente y pensamiento
En lo relativo al cerebro los hombres hace tiempo que aprendimos a interpretar los impulsos eléctricos de las neuronas mediante la técnica denominada Electroencefalografía (EEG) y los correspondientes aparatos eléctricos que la permiten. Fue hacia 1924 y de la mano del neurólogo alemán Hans Berger (1873 – 1941) cuando comenzaron los estudios de electroencefalografía sobre humanos que fueron hechos públicos por este investigador en 1929.  Antes, en 1875, el médico inglés Richard Birmick Caton había publicado sus hallazgos sobre fenómenos bio-eléctricos cerebrales, y mucho antes, nada menos que en 1770, el italiano Luigi Galvani (1737-1798) había publicado sus investigaciones sobre la electricidad animal. Lentamente, de la mano de investigadores de diversos países, la electricidad generada en el interior del cuerpo humano (ritmos alfa, de 8 a 13 Hz, ritmos beta de 0 a 4 Hz, ritmos beta, de 14 a 60 Hz y ritmos theta, de 4 a 7 Hz) fue siendo identificada y utilizada. Posteriormente, y a pesar del escepticismo y la oposición de muchos médicos y científicos, en 1934 los fisiólogos ingleses E. D. Adrian (1889 – 1977) y H. C. Matthews, confirmaron los descubrimientos de Berger utilizando amplificadores termoiónicos. La investigación continuó durante años y se fueron haciendo mejoras tanto en cuanto a poner los electrodos directamente en el cráneo, como en el empleo de distintos materiales en su fabricación y, sobre todo, en la utilización de amplificadores diversos, proceso, este último, que culminó en 1960 con la incorporación del transistor a los equipos disponibles entonces.

La Magnetoencefalografía, la Electrocardiografía, la Electromiografía y otras técnicas tienen relación con los impulsos eléctricos y magnéticos de las células y los músculos de los animales y de los humanos y son ampliamente empleadas en la actualidad para el estudio de la funcionalidad de diversos órganos y para el diagnóstico de enfermedades o malfuncionamientos.

También las Imágenes por Resonancia Magnética (IRM), las Imágenes por Resonancia Magnética Funcional (RMf), las Imágenes por Resonancia Magnética Nuclear (NMRI) y la Tomografía por Resonancia Magnética (TRM) son técnicas cercanas a lo que en este blog trata.

Pero hay además otras dimensiones que también podrán tratarse aquí. Son las relacionadas con el conocimiento cada vez más profundo del cerebro, con el tratamiento de enfermedades tan terribles como el mal de Alzheimer, el Parkinson o la enfermedad ELA y con la mejora de las funciones cerebrales, incluida la inteligencia. La implantación de microchips en el cerebro e incluso el uso de nanobots para la eliminación de coágulos y solución de otros problemas y otras prácticas unidas a la tecnología forman parte también de lo que en general llamamos cognotecnología.

La recuperación de funciones como la visión y la audición mediante el uso de tecnología diversa así como el “brain sensing” en el que se avanza en la actualidad, son otros temas que también forman parte de nuestro interés.

Y hay un aspecto adicional que es el relacionado con la reproducción artificial de la inteligencia, lo cual nos ha llevado a enfrentarnos al tema de las diferencias entre cerebro y mente y a entrar con fuerza en el terreno de la consciencia, la introspección o el yo personal, que caracteriza a los humanos.

Hasta ahora hemos dedicado mucha atención a esta última cuestión, la cual es considerada como la última frontera a explicar en el funcionamiento del cerebro, es el llamado “problema difícil de la consciencia” o “hard problem of consciousness ”.

Como bien sabemos, dicho problema se refiere a cómo de elementos materiales inorgánicos como las neuronas y las sinapsis surge el mundo de los qualia, de las ideas abstractas y de las experiencias intelectuales.

Indagando en ese tema hemos llegado en los últimos posts a las interpretaciones  de la mecánica cuántica de Henry P. Stapp las cuales han hecho resurgir el viejo debate “dualista” relacionado con la existencia de dos naturalezas en el hombre, la material y la  espiritual o mental. Como extensión de ello nos hemos adentrado en un libro notable que trataremos en los próximos blogs, se trata de “Una historia secreta de la consciencia” de Gary Lachman.

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
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