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Teoría Económica y Filosofía

Seguimos hablando en este post de George Soros, el famoso millonario y especulador en los campos de los mercados monetarios, los Hedge Funds y los derivados, o, como él ha sugerido que se le presente, “financiero, filántropo y especulador filosófico”. Lo hacemos para indicar que este conocido personaje se siente muy a gusto en la filosofía. Es curioso porque su actividad profesional se desarrolla en los mercados de capital, sus conocimientos tienen mucho que ver con la economía y la política y su vocación profunda se centra en la filosofía y la reflexión intelectual. Sus libros, bastante bien conocidos para no ser un estudioso o profesional del pensamiento, así lo muestran. En ellos cuenta siempre, su experiencia haciéndose multimillonario, la forma cómo lo ha conseguido relacionándose con la teoría económica y con las actuaciones de los políticos y reguladores y las resultados obtenidos en relación con las ideas que rigen el comportamiento humano en las sociedades complejas de nuestros días. En el último terreno, como decimos, es donde se encuentra más a gusto y por eso dedicamos este post a presentar de manera muy sumaria las conclusiones que obtiene en términos de características de las sociedades actuales. Tres de sus conceptos más queridos relacionados con dichas sociedades, “falibilidad”, “reflexividad”, y el “principio de incertidumbre humana”, son explicados con brevedad en lo que sigue.

Finalmente hay unas cosas específicas en las que Soros basa su actividad intelectual. Son, su relación con Karl Popper (1902 – 1994), su afición a la filosofía y su aportación, o uso específico, de conceptos en los que insiste una y otra vez desde su primer libro y, muy especialmente, desde que publicó en 2006 su libro The Age of Fallibility, traducido al español con el inocuo título de, Tiempos Inciertos, del que incluimos su portada en este post.

Todo arranca de las explicaciones que da sobre sus estudios en la London School of Economics, en los cuales combinó la economía con la filosofía. Indica que lo que más le sorprendió entonces fue comparar las ideas de Karl Popper sobre la falibilidad de todos los conocimientos, incluidos los científicos, con la seguridad y certeza con la que se enseñaba entonces (final de los años 40) la teoría económica.

En ese terreno, más filosófico, son famosas ya palabras como “fallibility” (falibilidad), “reflexivility” (reflexividad) o “The Human Uncertainty Principle” (El principio de Incertidumbre Humana), que son las que utiliza en el título de su artículo incluido como apéndice de su último libro.

Con el primero se refiere al hecho, ampliamente explicado por Popper, de que todos los conocimientos, incluso los científicos, son falibles. Lo cual es llevado a las ciencias sociales y a la Economía para indicar que son más falibles de lo que creemos. Afirmación que no nos impresiona a muchos porque ya sabíamos que eso era así.

En cuanto al segundo, su idea es que los grupos sociales formados por gente que piensa y tiene subjetividad, son complejos en cuanto a predecir el comportamiento ya que cada participante piensa de manera distinta y tiene distinta subjetividad sobre los mismos hechos reales, lo cual lleva a actuaciones que afectan al conjunto haciendo que la supuestas variables independientes de la Economía, no lo sean en realidad.

Explica en ese sentido que cada ser pensante tiene dos funciones, la cognitiva y la manipulativa, las cuales son las dos subjetivas. Al darse juntas y a la vez por parte de muchas personas en relación con el estado de la realidad, que es objetivo, el efecto es que las interpretaciones finales se produzcan en múltiples direcciones. Lo cual lleva a una sociedad de valores e ideas múltiples que no son consistentes entre sí, como también indicó Isaiah Berlin (1909 – 1997), y Soros recuerda en su libro. Es decir, que al participar todos en una misma realidad las interpretaciones y opiniones subjetivas de unos afectan a las de otros produciéndose una realidad final subjetiva compleja, circular y recursiva. Parece que Popper difundió mucho la idea de aplicar la reflexividad a las ciencias sociales, y el concepto se relaciona con las ideas de “profecías auto-cumplidas” a las que se refirió el sociólogo norteamericano Robert K. Merton (1910 – 2003). Esta idea es algo más elaborada desde el punto de vista intelectual que lo anterior, pero tampoco es la invención de la pólvora.

En cuanto a su tercera aportación, “El Principio de Incertidumbre Humana”, Soros dice que cuando la falibilidad y la reflexividad se ponen juntas se produce una situación de incertidumbre total que hace que las teorías existentes no sirvan para actuar. La realidad conceptual construida por la subjetividad humana a través de esos dos elementos, sobre todo el de la reflexividad hace que las interpretaciones de los hechos se distancien de los hechos mismos y la incertidumbre final sea más severa de lo previsto. Un alegato que lleva, cuando menos, al pesimismo sobre la interpretación del mundo y sobre la actuación para resolver problemas.

Soros parece estar muy satisfecho con estas aportaciones intelectuales, o filosóficas, a las que por cierto une otros neologismos diversos. Cree que son grandes descubrimientos intelectuales aunque la verdad es que revelan cierta ingenuidad por su parte.

Sus conclusiones generales relacionadas con esas aportaciones intelectuales, van en la dirección de señalar lo poco que sirven las políticas económicas y las actuaciones de los gobiernos cuando no se puede hacer lo que él hace en los mercados, es decir, analizarlos continuamente, hacer hipótesis sobre ellos y sus movimientos, identificar cuándo hay una disonancia entre los errores del mercado y lo que él considera correcto y actuar antes de que los mercados corrijan su posición. Por eso sorprende que dedique tanto tiempo e interés a analizar los errores en cuestión de política económica de la Unión Europea y que proporcione tantas recomendaciones sobre lo que debería hacerse para corregir la crisis del Euro, la cual él ve duradera y grave ya que puede llevar a la desintegración de Europa. Algo que muchos creemos posible y sobre lo estamos francamente preocupados.

La obra de Soros en su conjunto parece, en resumen, una actividad intelectual que pone en marcha, no necesariamente para hacerse un hombre respetable y honorable después de años de hacer dinero especulando, cosa que él considera correcto y legal y por la que no cree que deba pedir excusas, sino para conseguir hacerse un hueco en el mundo de los filósofos y científicos, algo que es siempre más difícil sin ser un verdadero profesional de esos temas. Con su dinero, su inteligencia y su esfuerzo, que no hay que descartarlo, puede darse una pátina de filósofo pero no creemos que termine haciéndose un hueco en la historia de ese mundo. Aunque, dicho sea una vez más, sus reflexiones sobre la UE y el Euro resulten bastante acertadas.

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
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