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Un escenario alternativo posible y probable más negativo que el tendencial

Nadie nos garantiza un futuro brillante. La noche puede ser larga.

Pero hay un escenario más negativo. Sería el que se generaría de un cierre en falso de la crisis actual y de una vuelta a las antiguas andadas. Las tendencias tecno-liberales más exacerbadas adquirirían más fuerza que la que tienen en la actualidad y dominarían el mundo sin control excesivo por parte de las instituciones mundiales, las cuales estarían prácticamente a su servicio. El capitalismo financiero dirigido por un grupo reducido de bancos procedentes de varios países muy desarrollados, establecería las reglas de juego e impondrían condiciones especiales que excluirían a un gran número de países de los beneficios del desarrollo.

La tecnología estaría en manos de grandes multinacionales procedentes de esos países y aunque sería del mismo tipo de la descrita en páginas anteriores, su difusión en el mundo resultaría más desigual y estaría orientada por los intereses particulares de dichas multinacionales. Las nuevas oleadas de invenciones e innovaciones aumentarían la dependencia de unos países de otros y obligaría a los países no desarrollados a empezar de nuevo.

Las leyes de mercado basadas en la búsqueda del interés personal de cada individuo, se habrían radicalizado y la competitividad personal marcaría todas o casi todas las relaciones entre los hombres. Habría un desigual desarrollo de las telecomunicaciones, la informática y los medios de información/comunicación y prácticamente se habrían establecido dos mundos irreconciliables, con economías distintas que cada vez intercambiarían entre sí menos productos y servicios. Se estaría en este sentido al borde de una bifurcación irreversible.

Los conflictos de todo tipo (fundamentalismos, ecologismos, nacionalismos, grupos marginales) serían elevados y amenazarían continuamente la paz de los países. Las fuerzas desintegradoras de los estados-nación serían elevadas y el terrorismo estaría plenamente vigente. Las tecnologías relacionadas con la energía y el transporte no habrían evolucionado lo suficiente y los grandes problemas de medio ambiente, incluyendo el agujero de ozono, el efecto invernadero, la desertización, desforestación y otros, habrían empeorado.

La población mundial habría crecido más de lo previsto y el descontrol en relación con esta cuestión sería mucho mayor que el actual.

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
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