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Un modelo del neocórtex basado en el reconocimiento de patrones

Continuamos en este post la revisión del último libro de Ray Kurzweil, “How to create a mind”. Después haber visto en los dos posts anteriores algo de la obra general de Kurzweil — amplísima y muy variada –, en el primero, y de analizar las críticas de todo tipo recibidas por este autor y la magníficas defensas que ha hecho de sus argumentos, en el segundo, entramos en el presente en el análisis algo más detallado del contenido del libro. Nos referimos en primer lugar a su propuesta de reproducir en una máquina el neocórtex del cerebro humano, algo que tiene sentido aplicando su propia “teoría de la mente humana basada en el reconocimiento de patrones” (PRTM)

El libro de Ray Kurzweil que venimos comentando, “How to create a mind”, es complicado en sí mismo y mucho más para los menos familiarizados con la Inteligencia Artificial Fuerte, la Ingeniería Inversa del Cerebro y el Reconocimiento de Patrones. Son áreas en las que el autor es un especialista y a las que ha dedicado una gran parte de su vida, como científico y tecnólogo y como hombre de empresa.

Aunque declara en la Introducción, su interés en sorprender a los lectores por la simplicidad con la que explica temas que se consideran complejos, algo que resulta cierto poniendo un poco de esfuerzo en la lectura del libro.

En el último aspecto mencionado en el primer párrafo, Kurzweil ha creado, y vendido, muchos productos y empresas desde que era un joven estudiante de segundo año en el MIT. Algunas como la que él considera su primera empresa (“Kurzweil Computer Products”) fue vendida hace unos años a IBM y se denomina hoy “Nuance Speech Tecnologies”. Según indica en su libro, IBM está construyendo en esta empresa una nueva versión de su superordenador Watson que será dedicada a diagnósticos médicos.

Es un libro notable que no evita ningún tema relacionado con la posibilidad de que el hombre construya máquinas inteligentes, e, incluso, máquinas “espirituales”, como el mismo Kurzweil ha llamado a las máquinas conscientes, es decir, máquinas que no sólo hagan cosas a las que llamamos inteligentes, sino que sean conscientes de lo que hacen. Un tema, este último, complicado, que el autor que utilizamos no elude pero sobre el que tampoco da respuestas definitivas otras que las de considerar que la consciencia es algo que se consigue con la complejificación y el aprendizaje.

Su posicionamiento en cuanto a la inteligencia y a la consciencia de las máquinas es, como el de muchos otros especialistas, muy relativista. Hay que hablar siempre, según dichos especialistas, de niveles de inteligencia y de niveles de consciencia, lo cual, por cierto, no es otra cosa que admitir que no hay cambio cualitativo entre el cerebro y la mente y entre el funcionamiento de las neuronas y sus sinapsis y las ideas abstractas.

Considera, lo que es verdad, que hoy existe mucha inteligencia artificial en nuestro mundo, que hay muchas cosas que las máquinas hacen mejor que los hombres y que hay muchas otras que hacen las máquinas que los hombres sencillamente no pueden hacer. En línea con ello además, y esto es lo más importante, indica que si lo que hizo el superordenador Watson al ganar a los dos campeones mundiales de “Jeopardy”(1), no se considera inteligencia, o entendimiento, tampoco sería posible llamar así a lo que hacen los humanos. Quiere decir que cuando algunos críticos de estas cuestiones dicen que el superordenador Watson lo único que hace es “análisis estadístico” de toda la información existente en su memoria, suministrada por su programador, se olvidan de que eso es precisamente lo que hace el hombre al razonar utilizando la información que se ha almacenado en sus cerebro a lo largo de su vida.

Para crear máquinas inteligentes, primero, y conscientes, después, Kurzweil propone reproducir el neocórtex biológico, la última capa surgida en el cerebro de los primates a través de la evolución, con particular referencia al cerebro del hombre. Es una capa delgada (de unos 2,5 milímetros de espesor), envoltura de todos los otros componentes del cerebro, que es responsable de la percepción sensorial, del reconocimiento de todo, incluidos desde los objetos externos recogidos por los órganos visuales hasta las ideas abstractas, el control de los movimientos del cuerpo humano, el control espacial, el razonamiento, y en general todo aquello a los que denominamos “pensar”.

Para tal reproducción en una máquina, en un ordenador, Kurzweil confía en varios instrumentos e interpretaciones: a) en que el cerebro en sí actúa a través del reconocimiento de patrones; b) en su propia teoría de reconocimiento de patrones, “pattern recognition theory of mind” (PRTM); c) en que el cerebro funciona jerárquicamente como todo en nuestro mundo; d) en que la complejidad aparente que vemos en él no es tal ya que se basa en la repetición de millones de veces de modelos muy simples; y e) en la redundancia de todos los procesos. Algo, esto último, a lo que algunos autores se han referido como un diseño poco inteligente y poco eficiente del cerebro.

A esas interpretaciones añade su propia ley de los rendimientos acelerados de la tecnología (LOAR), el conocimiento profundo que manifiesta sobre biología y neurología y la conveniencia de hacer ingeniería inversa del cerebro. Su objetivo para la creación de una mente similar a la humana es la de reproducir el neocórtex biológico con todos esos elementos.
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(1) Programa de la televisión americana creado por Merv Griffin y que tuvo un gran éxito durante décadas. Su esquema es el de preguntar al concursante sobre temas corrientes muy diversos. El juego Trivial se basa en dicho programa.

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.

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