2717743-3844689.jpg

Un paso más hacia la ingeniería inversa del cerebro (III)

Comenzamos este post con una breve referencia al fenómeno de la percepción por el que se inician todos los fenómenos relacionados con la mente, la subjetividad y la conciencia. Para saber lo que está progresando la ingeniería inversa del cerebro hay que prestar atención a los importantes avances que la ingeniería informática está consiguiendo en el terreno de que las máquinas perciban su entorno, tema al que dedicaremos atención en próximos posts.

La percepción como origen de la conciencia

La percepción es un área de conocimientos y un terreno de investigación en el que se ha trabajado y publicado muchísimo desde los estudios pioneros de Hermann von Helmholtz, Gustav Theodor Fechner y el mismo Wilhem Wundt, de mediados del siglo XIX. Fueron muy destacados los trabajos del primero de ellos relacionados con la percepción del sonido. Su libro “Sobre las sensaciones de tono como base fisiológica para la teoría de la música” se difundió ampliamente en el mencionado siglo, y fue, por ejemplo, una fuente de inspiración para Alexander Graham Bell, el famoso inventor del teléfono, nacido en Edimburgo en 1847, cuya patente consiguió en los Estados Unidos en 1876. Uno de los compañeros de blogs en esta revista, Javier Monserrat, filósofo y psicólogo y teólogo, es especialista en la materia y profesor de ella en la Facultad de Físicas de la Universidad Autónoma de Madrid.

Damasio, como es lógico, conoce muy bien el tema de la percepción y ha trabajado en los procesos de transformación de sensaciones o señales externas en mapas o patrones neuronales. Por cierto que en su libro utiliza los términos “imagen”, “mapa” y “patrón neuronal” como intercambiables, aunque también se refiere a que “patrón neuronal” y “mapa” tienen más sentido como “actividades del cerebro”, mientras que “imagen”, sin más, es mejor relacionarla con “patrón mental” e “imagen mental”. Con ello abre camino a una parte fundamental en sus explicaciones: la separación o establecimiento de líneas fronterizas entre cerebro, mente y conciencia. El cerebro es algo físico y no necesita aquí más consideración que la de su plasticidad y flexibilidad y, probablemente, la de su capacidad de evolución fisiológica. La mente es algo surgido de los tejidos neuronales, formado en gran manera por mapas o imágenes que nuestra circuitería neuronal genera de una forma continua. La conciencia, por último, es algo más a cuya aparición dedica Damasio su libro.

Con este esquema es lógico que nuestro autor considere, junto con muchos otros científicos, que la mente no es patrimonio exclusivo del hombre. La mente es común a mucho animales, superiores e inferiores, ya que la creación de imágenes en el cerebro es el mecanismo que los seres vivos han desarrollado para adaptarse a su entorno, alimentarse y sobrevivir. Adaptación y evolución mental que está fuertemente ligada al control mental del movimiento organizado, como claramente ha explicado el gran médico neurofisiólogo colombiano afincado en los Estados Unidos Rodolfo Llinás. Es decir, y haciendo extrapolaciones siempre peligrosas en estos terrenos, cuanto más movimiento, más cambio y más rapidez haya que desarrollar para enfrentarse al entorno más inteligentes parecen volverse los animales y, por extensión, los hombres.

Para llegar a la conciencia Damasio considera, junto con William James, que del conjunto de componentes del “sí mimo como objeto”, es decir, de todo aquello que el hombre consciente llamará suyo –cuerpo, pasado, presente, mujer, hijos…– surgen sentimientos y emociones (parece ser que al identificar el cerebro las imágenes del flujo mental relacionadas con el cuerpo al que dicho cerebro pertenece) los cuales permiten distinguir en la corriente continua de imágenes de la mente aquello que forma parte del “sí mismo” y aquello que no forma parte de él. Es decir, parece existir una relación sensaciones-sentimientos-emociones que lleva a la subjetividad y a la conciencia.

Cerebro y mente: materia orgánica y emociones

Todo ello en gran manera y a nivel fisiológico se sitúa en la corteza cerebral aunque Damasio insiste constantemente en asignar un papel destacado en la aparición de la conciencia al tronco encefálico, especialmente a su parte superior, y al tálamo, parte intermedia del cerebro que tiene como misión, según las últimas investigaciones, dar respuesta emocional a las sensaciones, es decir, y en línea con lo que dice nuestro autor, procesar la información de los sentidos y convertirla en acción. Ver en la Red Caroline Tricot.

En cuanto a la definición de conciencia es mejor que utilicemos las propias palabras de Damasio: “La conciencia es un estado mental en el que se tiene conocimiento de la propia existencia y de la existencia del entorno. La conciencia es un estado mental o, dicho de otro modo, si no hay mente no hay conciencia; pero es un estado mental particular, puesto que se halla enriquecido con una percepción del organismo particular en el que funciona la mente, y ese estado mental incluye el conocimiento de que tal existencia está ubicada, de que hay objetos y acontecimientos a su alrededor. La conciencia es un estado mental al que se le ha añadido un proceso en que uno se siente a sí mismo”.

Queda claro que después de surgida la mente como conjunto de imágenes generadas continuamente, se produce la emergencia de la subjetividad y de la conciencia. A esa emergencia dedica Damasio la mayor parte de su libro y es difícil referirse a sus explicaciones en unos posts que van siendo ya excesivamente extensos. Cabe mencionar, no obstante, que el autor establece tres estadios en el proceso evolutivo de aparición de la conciencia: el proto de sí mismo, el sí mismo central y el sí mismo autobiográfico.

El primero, que el autor sitúa en partes concretas del tronco encefálico (núcleo del tracto solitario, núcleo parabranquial, hipotálamo y otras) y de la corteza cerebral (corteza insular, corteza cingualada anterior, campos oculares frontales y cortezas somatosensoriales), produce las sensaciones espontáneas del cuerpo vivo o “sentimientos primordiales”.

Para que surja el segundo estadio es fundamental que el proto sí mismo destaque y se convierta en protagonista. Tal fenómeno se produce ante la presencia de un objeto cualquiera que es percibido por el proto de sí mismo, percepción que hace cambar al propio proto de sí mismo. Esto da lugar a una serie de acontecimientos el primero de los cuales es una transformación en el sentimiento primordial que da como resultado un “sentimiento de conocer el objeto”. En palabras del propio autor, “el sí mismo central, por tanto, se crea al enlazar el proto sí mismo modificado con el objeto causante de la modificación, un objeto que entonces aparece marcado con el sello distintivo del sentimiento realzado por la atención”.

En cuanto al tercer estadio Damasio dice un poco crípticamente lo siguiente: “el sí mismo autobiográfico surge cuando los objetos de la propia biografía generan pulsos de un sí mismo central que son, con posterioridad, vinculados de manera momentánea en un patrón coherente a gran escala”.

(Continúa en el siguiente post)

Tags:
0 shares
Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.

Deja tu comentario